Maratón

S´io m´intuassi come tu t´inmii

 Paradójicamente, si no fuera

por esta maratón del tiempo mío

contra la nada, sí, también hacia la nada,

no sabría, reposo,

qué dulces son las letras de tu nombre.

 

Llevo toda una vida acelerando

para frenar en seco y ver, de pronto,

ángeles transparentes del aire a mediodía,

ángeles que me miran en los ojos

celestes de mis hijos, ángeles redondos

en los árboles verdes, desleídos

ángeles cansados

en el silencio de una tarde rosa,

ángeles que mojan sus patitas negras

en los papeles blancos. Y en las calles

−pasillos sin techar de la ciudad

(mi casa)−, ángeles nocturnos florecen el reposo

en los tallos de forja de un balcón.

 

Toda la vida acelerando para

frenar en seco y escuchar, de pronto,

el crepúsculo loco de los pájaros, las risas

del comedor, el baile de la sopa,

el pulso desvelado de un grillo sobre el mar

cuando me siento −muy tarde y a deshora−

a escribir, como quien quiere

pararse a recordar qué era el reposo.

 

Y robar al olvido las cosquillas

que hacían las mosquitas caminando

por mis brazos pequeños,

los dedos complacientes que me hilaban

el sueño en la cabeza, las ofrendas

del frescor en las sábanas, los dones

del calor: dormir junto a otro cuerpo.

Y la nostalgia

de niña de ciudad que tras la lluvia

ventea en los alcorques de las calles

una humedad de bosque, o el aliento

de los fuegos de leña. O esos muebles

que sólo a veces llevan un bostezo

de cera y de mantel almidonado.

Fragancias de la abuela. Cómo

sabía su pan, y cómo saben

igual, año tras año, las uvas, las cerezas,

y distintos los besos.

 

No sé por qué, pensando en tu dulzura,

buscándote en mi centro, buen reposo,

apago otro cigarro, cojo por la autopista,

embrago, cambio, piso, voy tan rápido

que me vibran los dientes, se esfuma la calzada,

y entonces me sorprende pensar que acaso he muerto

y no me di ni cuenta. (Cuánto mientes.)

No hay tráfico. No llevo pasajeros. Nada

parece ya real. Los cinturones

se ciñen al vacío. Y pasan los kilómetros.

Y miento (no, no mientes)

la sombra del reposo en el regazo

del huracán. Perdida, confundida,

arriba, abajo, cerca, lejos. Sola-

mente exhausta

mente sola.