Que la fuerza os acompañe (2004/09/14)

QUE LA FUERZA OS ACOMPAÑE

Ya están aquí los idus de septiembre, y el eterno retorno del principio de curso.

Vuelven los niños al colegio. Vuelve Paquito Cruz, que no tendrá psicólogo porque la Junta no financia la solución de problemas en colegios concertados. La madre de Paquito se consuela pensando que no es que su hijo sea sociópata, sino que tiene temperamento de líder. La seño de Paquito no sabe cómo explicarle a su madre que al colegio hay que llevar a los niños en vías de civilización (el buen salvaje no siempre sale bueno). Pero, divina justicia o Ley de Murphy, la madre de Paquito sucumbirá al agotamiento de llevarlo todas las tardes a sus actividades extraescolares (un dos tres, al karateca inglés), no vaya a ser que Paquito se aburra o pierda la oportunidad de ser en el futuro un enemigo de pro, ampliamente diversificado. Para cuando aterrice en casa todo está controlado gracias a la tele, la gamestation y la playboy. No hace falta repasar Conocimiento del Medio: todo lo que en el mundo hay digno de interés está o sucede en el valle del Guadalquivir.

Vuelven a clase también los de la E.S.O., azote del estamento de profesores pero que a los padres, que tiraron la toalla hace ya mucho, les preocupan mucho menos. Sí. Da igual que su fracaso escolar sea notable en medio de su caldo de hormonas enconadas; que estén a merced del chateo hasta las mil, el botellón o el trapicheo. En cualquier caso, a un adolescente no hay quien lo soporte. Yo me voy a jugar al pádel, que ya es hora de que piense en mí, como ser humano que soy, con un plus de handicap por mi género. Los del Bachiller ya van siendo otra cosa: son supervivientes. Algún profesor tendrán, escapado con gratitud de la E.S.O., que les trate con respeto e interés e incluso les descubra una vocación.

Vuelven los estudiantes a la Universidad, a cursar sus veinte asignaturas anuales. Es la fisión nuclear del conocimiento. Con suerte, dentro del plan de convergencia europea podrán acogerse a la docencia no presencial, o sea: que, en los espacios figurados, haber, hay asignaturas, pero en los espacios reales no suele haber nadie. Con este sistema los alumnos salen centrífugos y perplejos. Pero no importa: podrán superar su desconcierto contribuyendo al negociete de los másters y cursos de verano.

En fin, vuelve septiembre y el gremio docente piensa, más o menos, “Ave, curso. Los que van a morir, te saludan”.

Yo podría tomármelo a la tremenda, pero soy lectora de Paulo Coelho y de Bernabé Tierno, así que no. Me pongo mis mallas galácticas, extiendo mi raqueta de pádel hacia el horizonte y, pensando en positivo, formulo mi mejor deseo: Que la fuerza os acompañe, amigos.

 

Diario de Cádiz, martes 14 de septiembre de 2004, p. 16