Don Francisco Ponce Cordones, in memoriam (2017/08/06)

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DON FRANCISCO PONCE CORDONES, in memoriam

Qué es la vida de un hombre, se preguntaba J. Gomá. Y se respondía: “la lenta gestación de un ejemplo póstumo, es decir, de un sistema limitado y coherente de elementos que merecen perdurar en la memoria de la colectividad”.

            Pienso en don Francisco Ponce Cordones (Rota, 1920-Cádiz, 2017) y en su sistema de elementos memorables. El primero, la devoción por sus padres. Como el suyo, D. Francisco fue vista de aduanas y destacó por su honradez. Sabiendo que la requisa de contrabando apretaba sobre todo al más débil, jamás consintió en comer lo que él llamaba “el pan de la desgracia ajena”, de manera que su mujer tenía instrucción de convertir en limosna aquellas pagas extra.

            Y, como su padre, D. Francisco se hizo a sí mismo a la medida de su afán: así devino historiador, leyendo sin prisa pero sin pausa, buscando el asesoramiento de los maestros (García Bellido, Domínguez Ortiz), cultivando en los círculos de su tiempo (academias, ateneos, cursos de verano, la UCA finalmente) conocimientos y amistades, divulgando su saber en la Revista de Marina, en el Diario de Cádiz, en los Anales de la Universidad.

            Hombre de otra época, cristiano cabal, azoriniano y discreto era mi suegro, a quien siempre traté de usted. Jamás le oí hablar mal de nadie. Otra cosa es el humor compartido. Cuánto le hizo reír su amigo el coronel y librepensador don José Pettenghi Estrada. Y, en su decoro, cuantísimas coplas se sabía, y qué bien decía aquello de que “quien a solas se ríe, de sus picardías se acuerda”. Un pozo sin fondo de viejos saberes era don Francisco, como cuando recitaba el refrán marinero para encontrar la enfilación del puerto de Cádiz: “La primera vuelta a Rota; la segunda, a la calle de la Pelota…”. Tiene H. J. Artz una fotografía de Ponce y Pettenghi por la calle Ancha. Sabe y dice Hans Joseph que esos dos hombres que se alejan conversando de espaldas al espectador son la imagen de un Cádiz de leyenda: cuando la Galaxia Gutenberg se publicaba oralmente en las tertulias.

            En el año 2007 Unicaja publicó la amplia colección de artículos que don Francisco, insensible a un mundo que desconoce el latín, tituló Gades, Gadium, Gadibus (“Cádiz, de Cádiz y para Cádiz”). Su presentador, el historiador y director entonces de los Museos Municipales, J. Ramón Ramírez, destacó su contribución más importante a la historia y la geografía: la  identificación en la topografía urbana actual  del canal que hacía del Cádiz antiguo un archipiélago. Su método: la lectura y la observación. Porque tanto en las fuentes antiguas como en las modernas obras de cimentación de edificios había una dificultad común que solo podía significar que bajo las calles de Cádiz, casi sin huesos, todo sedimento y limo, había discurrido el mar.

            Como erudito local, Ponce Cordones consiguió que los restos del acueducto romano de Cortadura fuesen rescatados y puestos en valor. Otras cosas no las consiguió en vida. Es el caso de su idea de señalizar de manera visible, “patrimonializable”, la posición del Meridiano terrestre que en su día hizo que las cartas náuticas españolas se alzasen tomando a Cádiz como referencia. Cuando Cádiz fue Greenwich.

            En la verja del muelle se puede ver hoy una magnífica exposición de fotografías de J. M. Vera Borja: “El Océano en el horizonte”. Tres de los textos que acompañan las naves por el mar son de mi suegro. Tanto como sabía de la ruta de los galeones y apenas si salió en sus noventa y seis años de esta Bahía.

            Suena en la iglesia de San Francisco la Salve Marinera. …Estrella de los mares, de los mares iris… Termina el funeral por don Francisco Ponce. Su callada ausencia encoge el corazón. Oh fénix de hermosura… Qué es la vida de un hombre cuando sus pisadas ya solo pueden sonar en la memoria. Dan ganas de rezar un poema de T. S. Eliot. Aquel que habla de la puerta que daba al jardín de las rosas y no llegamos a abrir. El que dice que “solo en el tiempo se conquista el tiempo”.

 

Diario de Cádiz, domingo 6 de agosto de 2017, p. 17.