Verano canalla (2017/08/07)

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VERANO CANALLA

Con el tiempo nos maravilla repetir lo que hacíamos de pequeños. El otro día estuve en el “Cine en familia” viendo “La leyenda de Tarzán” de David Yates. Qué emoción: Tarzán de los monos en el Congo Conguísimo, con su genuino taparrabos. Bien es verdad que este último Tarzán tiene una historia intrincada y muy políticamente correcta, con una elucubración multicultural sobre Leopoldo II y el colonialismo, pero yo soy una persona elemental y sencilla: me siento al aire libre a comer basurilla, me echan una peli de héroes que te cagas, y me muero de gusto identificándome con los héroes. (Casi todos los que estaban en el cine eran como nosotros: madurillos nostálgicos venga a masticar pipas, imágenes panorámicas y pulquérrima cosmovisión). “Tiembla, Leopoldo II, que ahí vamos Tarzán y todos, a desfacer entuertos”. También he disfrutado estos días de cangurear a mis sobrinos. Primera reflexión: ellos son tres hermanos; se me había olvidado que ser niño y hermano significa estar todo el santo día dando por culo a los hermanillos. Sin descanso. Sin perdón. Casi como Clint Eastwood. Conocí yo a un señor muy nazi que decía que la familia numerosa es una escuela darwinista de lucha por la supervivencia. Va a ser que tenía razón. Hago macarrones para la humanidad, para la humanidad celíaca y para la humanidad intolerante a la lactosa. Mis tres sobrinos, fieles a sí mismos, se dedican a machacarse sin compasión. Mi hermano y mi cuñada convalecen de sociabilidad (viene a ser como resaca). Mis sobrinos aúllan. Mi padre se empeña en reivindicar, siguiendo a Julián Marías, algo así como una última dimensión donde cupiera el alma y reinase Dios. Yo no creo más que en la ley de la ficción: “la voluntaria suspensión del descreimiento”, que decía T. S. Eliot. Si Dios existe, debería venir aquí a poner orden entre mis sobrinos. Mientras tanto, mi hermano y mi cuñada se postsocializan moribundos, mi padre despotrica, mi madre vegeta, mi marido guisa y yo pienso que debería volver a hacer pilates. Realmente, la especie humana es semi-inteligente y se reparte los roles como Dios le da a entender. Qué lujo de verano, con tantísima canalla.

Diario de Cádiz, lunes  7 de agosto de 2017, p. 9.