Un jarro de sed para Fernando (2013/04/08)

UN JARRO DE SED PARA FERNANDO

Me gustan las cosas que promueve Paco Cano. Lo primero que vi de él fue la Casa-palacio Aramburu convertida en caja de sorpresas: con el cadáver de Ofelia flotando en una bañera de patas y una orgía de falsos caramelos de color en una cocina abandonada a sus azulejos blancos. Luego fue la Casa de las Cuatro Torres, donde el patio se había convertido en pecera, y por las galerías flotaban medusas hechas con gorros de ducha transparentes. Una habitación con espejo apulgarado y dos sillones de brazos se veía desbordada de barcos de papel de periódico que flotaban en el ajedrez del suelo (era la partida a vida o muerte de las pateras del Estrecho). Emporio del comercio que fue Cádiz: descansa en paz. En el patio, una fuente-acertijo de Luis Quintero. En un hueco encalado, el mar hablaba por el teléfono de una caracola. Ahora es el castillo de San Sebastián con la exposición AmeriCádiz: fotos de ciudades coloniales de ultramar, habitadas o no por sombras disfrazadas, dispuestas en un infinito pasillo de casamatas. Desde el castillo de San Sebastián se ve el Balneario como si uno estuviera en la luna: lejos, muy lejos. Hay un Cádiz misterioso y surreal: ahora en Benot se puede ver la escalera de caracol que baja a la playa por San Felipe como si fuera una fantasía de Magritte. El próximo sábado 13 de abril se celebra la III Ruta Fernando Quiñones, que promueve la infatigable Blanca Flores. Deambularemos por los rincones de la ciudad recordando a Fernando: la Caleta donde se bañaba a la luz de la luna aquella diosa de burdel que era Hortensia Romero; el baile de Farina el Cojo una noche ante la puerta del convento del Nazareno de Santa María. Los cuartos donde cantaban flamenco los cabales y tenía visiones Miguel El Pantalón: cuando se le aparecía el Cante como un bulto de carne de todos los colores en un embudo donde giraban a la vez todos los tiempos. Este Cádiz sobre, super, surreal, poblado de viejas y nuevas sombras que andan por las azoteas seguramente haciendo las bellaquerías de Cuqui y Maribarbola: “Asómate a esa vergüenza,/ cara de poca ventana,/ y dame un jarro de sed/ que vengo muerto de agua”. Cuánta maravilla y asombro de la vida, cuánta sed, la de Fernando.

Diario de Cádiz, lunes 8 de abril de 2013, pág. 10.

http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/1497462/jarro/sed/para/fernando.html