Un cuento chino (2011/08/01)

UN CUENTO CHINO

En mi libro de cuentos del mundo mundial figuraba el de un joven chino que un día descubre a dos hombres misteriosos jugando al ajedrez y, tras espiarlos largo rato, se da cuenta de que son dos magos y de que en cada partida se juega el destino de un hombre. El muchacho, entretanto, resulta que asiste a la partida en que se juega su propio futuro, que sale aciago, y entonces suplica que repitan el juego de su vida. Me he acordado del cuento ahora que he tenido que baremar los méritos de los que solicitan entrar en una bolsa de trabajo. Juzgar al prójimo es tarea delicada y vagamente siniestra. El retrato de nuestra empobrecida sociedad está detrás de una licenciada en historia con máster en dirección de recursos humanos y experiencia como teleoperadora y dependienta de frutería. La poesía del emprendedor que se atrevió a fundar una editorial es ese libro que sacó, titulado “Por favor, no empujen”. Hay quien produce docenas de artículos sobre Arsenio María Jurado y Arróstegui, S.J., polígrafo y prócer. Hay quien cursa un máster de Grafología (no vayan a sonreír: la grafología es una disciplina tan arcana como útil). Una persona con más de 12 años de docencia en instituto declara en “aficiones” que le gustan las puestas de sol: hace falta un romanticismo resistente, sobre todo cuando se leen los cursos de especialización frecuentes en relación con la ESO (“La resolución de conflictos en el aula a través de la mejora de las habilidades sociales”, “Prevención en drogodependencias desde el ámbito socioeducativo”, “Estrategias de intervención en los problemas de maltrato y violencia escolar”…). Leo estos currículos y recuerdo un poema de W. Szymborska sobre qué hacer para presentar una instancia y adjuntar un currículum: “Escribe como si jamás hubieras dialogado contigo mismo/ y hubieras impuesto entre tú y tú la debida distancia./ Importa el precio, no el valor. / Interesa el título, no el contenido./ El número del calzado, no hacia dónde va/ quien se supone que eres./ Adjuntar una fotografía con la oreja visible:/ lo que cuenta es su forma, no lo que oye./ ¿Qué oye?/  El fragor de las trituradoras”. Casi me parece oír, en medio del fragor, este resumen, casi un microrrelato, que escribe un desconocido bajo el epígrafe “Datos de interés”: “He sido guionista en todos los cortometrajes que he realizado. Dispongo de vehículo propio y carnet de conducir por lo que tengo capacidad de desplazamiento. Miembro del Jurado Joven del Festival de Cine Africano de Tarifa 2008. Tengo 31 años, nací el 18 de septiembre de 1979”.

Diario de Cádiz, 1 de agosto de 2011.

http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/1033386/cuento/chino.html