Tempus pluit (2010/07/05)

TEMPUS PLUIT

            Que el tiempo pasa rápido es algo que sabemos y, sin embargo, no hay vez que, al reparar en sus detalles, no nos sorprendamos. Estoy en el acto de graduación de los alumnos de Filología Hispánica, Filología Clásica e Historia. Viendo a estos muchachos y muchachas resplandecientes y felices, engalanados como si fueran sus bodas con el futuro, me admira cuánto hemos cambiado. Cómo prever, cuando yo finalizaba los mismos estudios, que un día arraigarían aquí estas ceremonias americanas, ejecutadas por los aborígenes con naturalidad e incluso cierta elegancia, ya sin el pelo de dehesa reticente que nos caracterizaba. Quién iba a decir que el 2 de julio de 2010 esta promoción de Letras se iba a graduar entre banderas nacionales porque, a pesar de nuestra indigesto pasado, el márquetin hace milagros y, mediante una astuta reconversión subliminal de la bandera roja y gualda en “la roja”, pueden vibrar y rugir y comulgar las hispanas tribus balompédicas, ya sin escrúpulo historicista, bajo los colores patrios. Miro a mis alumnos ahí en el proscenio, investidos con nuestra beca azul celeste, y me pregunto qué será de los sueños de Paulo y Elena, Víctor y María José, Rosa e Inés, las Cristinas y las Almudenas, Verónica y Chus, Inma y Alejandro y Estefanía y Fátima y ese etcétera (nunca excesivo en Humanidades) de egresados. (En mi época tampoco existían los egresados: éramos antiguos alumnos, no erasmureábamos, y pensábamos en pesetas). Parece que fue ayer cuando se estrenaban viendo la “Medea” del grupo Phersu en el teatro de Itálica, asomándose al taller de encuadernación de los hermanos Galván, u homenajeando a Alberti. Independientemente de lo que hayamos significado para ellos, seguro que a veces les parecerá seguir escuchando dentro de su cabeza nuestras voces, como yo oigo aún la voz de José Luis Tejada recitando sus apuntes de poesía, o la de Luis Charlo con su alegría surrealista: “quomodo pluit”, “buenos días, aproximadamente”, “haberemus examen”. Por mucho que cambien las circunstancias, la sorpresa se renueva constantemente. Y estos jóvenes que hoy celebran su rito de paso hacia el mundo laboral de los adultos algún día se sorprenderán sintiendo una nostalgia que creían imposible. “Quomodo pluit…”. Sí: aun en pleno julio de levante, fútbol y crisis, cómo llueve el tiempo en la memoria del corazón.

 Diario de Cádiz, lunes 5 de julio de 2010, p. 7.