Solidaridad ciudadana (2011/01/31)

SOLIDARIDAD CIUDADANA 

TENGO una amiga que trabaja en uno de los comedores de beneficencia que hay en la ciudad. Comparto esta amiga con mucha buena gente: Pachi es incansable y se pasa el día de la ceca a la meca buscando el pan debajo de las piedras. Buscando comida y, por qué no decirlo, sobras: ese tipo de alimento perecedero que está a punto de no poderse vender porque las lechugas se ven lacias y los tomates ulcerados. Pero aún no están pochos (no del todo). La lástima es que, así como un trabajador autónomo, como el frutero Manolo, dispone de libre albedrío para dar lo que estime oportuno, hay instituciones a las que se lo prohíbe el régimen de sanidad. Estoy hablando de los hospitales y de los comedores de guarderías y colegios públicos: clama al cielo la de raciones que van a la basura enteras o casi enteras. Uno se pregunta si no habría manera de modificar el marco legal para impedir este desperdicio. Cuenta Pachi que de dos años acá es increíble cómo ha aumentado el número de personas que van a los comedores de caridad: junto a los asiduos, familias enteras en paro y estudiantes. Los comedores no dan abasto. Otro de los marcos de acción de Pachi es la concienciación ciudadana: mostrar a la gente que es más fácil de lo que se piensa tocar el fondo de la desventura y acabar en la calle: un proceso de alcoholismo mezclado con una historia de fracasos personales, o asociado a una enfermedad mental. Ahora, con el mal tiempo, se añade otro problema: los vagabundos se mueren de frío. Literalmente. Los albergues tienen un horario restringido: a las 8:00 de la mañana desalojan. Pero sigue haciendo frío, y los vagabundos temen la hora de volver al banco de Candelaria. Pachi y sus compañeros suelen llamar a las oficinas bancarias para que de noche les dejen abiertos los cajeros automáticos, pero no son suficientes. De modo que ahora se preguntan si no sería posible habilitar un espacio para darles cobijo. Por ejemplo, los locales del antiguo edificio de Jesús Abandonado, en las Puertas de Tierra. Allí de momento no hay nada, ni hay nada previsto. Podrían cedérselo mientras dure el invierno. No piden más que un lugar cubierto con luz y agua. Ellos se encargarían de buscar sacos de dormir (podría ser un donativo de Decathlon), y estufas de butano (un donativo de El Corte Inglés y la empresa de suministro de bombonas). Y si no es este, hay otros locales vacíos. Aquí en Cádiz no tenemos metro, pero sí conciencia social, municipal y ciudadana.

Diario de Cádiz, lunes 31 de enero de 2011, p. 7.

http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/893240/solidaridad/ciudadana.html