Sentido estético (2016/10/03)

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SENTIDO ESTÉTICO

Es uno de los momentos estelares de mi humanidad este que me dispongo a compartir hoy con ustedes. Iba yo camino de los contenedores a sacar la basura con mi hijo. Se estaba poniendo el sol. La vista, desde Santa María del Mar, es impresionante. Los profesores  tenemos un peculiar sentido del humor, y nos divierte pedantear socráticamente a nuestros hijos. Mi hijo era por entonces un niño de unos ocho años, macizo, seriote, reflexivo. En aquel instante sublime de la tarde, preguntéle, frente al sol que caía: “Fafi, ¿tú tienes sentido estético?”. “Y eso, ¿qué es?”, me preguntó mi niño, que nunca ha sido superficial o frívolo. “Pues eso… es que tú ves una cosa, como esta puesta de sol, y piensas si te parece que es bonita o no”. (Yo improviso mucho y corro siempre peligro de ser superficial). El niño no respondió en seguida (ya digo que era reflexivo), pero finalmente dijo: “Sí, yo tengo sentido estético”. Y ahí quedó la cosa. Tiempo después, íbamos en el coche y el niño andaba dando la matraca con que lo llevase al cine. “Bueno, bueno, ya te llevaré, o te lleva papá”. “No: papá no. Tú”. ¿Y por qué no papá”. “Porque papá no tiene sentido estético”. Aparte de la risa que me dio, y de lo mucho que he chinchado a cuenta de esta anécdota a mi marido, entonces entendí una cosa: mi marido es una criatura que en la oscuridad de una sala enseguida se duerme. No lo puede evitar. Era la época de Harry Potter, y me gustaba ir al cine con el niño, atiborrarnos de palomitas mirando hipnotizados la pantalla, darle codazos en los momentos más emocionantes… Mi hijo había asociado el “sentido estético” no ya con la belleza, sino con la “fruición” de las cosas (disfrute, sentimiento), y con una vivencia compartida del placer: casi un ritual. A día de hoy me sigue sorprendiendo la hondura primordial del niño. Un disfrute consciente de la perfección y la armonía unido a un sentimiento de felicidad que nace de una situación compartida e invita a proseguir la cadena de transmisión ritual.  A día de hoy cuando mi hijo ve algo que le emociona en la belleza se acuerda inmediatamente de lo que “el sentido estético”: no es la belleza, sino la conciencia de la belleza. Y se acuerda de mí.

Diario de Cádiz, lunes 3 de octubre de 2016, p. 21