Poder, saber vivir (2010/01/17)

PODER, SABER VIVIR

Como casi siempre, se inicia el nuevo año con su cortejo de esperanza, de buenos propósitos, de espantosas catástrofes. Durante mucho tiempo he tomado las uvas de medianoche formulando cuidadosos deseos para cada una. Esta vez he resumido el asunto: “poder, saber vivir”. Debe ser la edad, y  que estábamos en Petra, recorriendo el desfiladero de la necrópolis nabatea de noche, a la luz de las velas. Desembocar frente a la fachada del Palacio de la Tesorería (el de Indiana Jones) como quien se asoma a un lago íntimo de luces. Sonaba la flauta y una salmodia de beduinos. Corrían las nubes por el cielo sobre la luna llena. Estábamos allí y estábamos juntos. Qué se puede desear cuando se está cumpliendo un sueño: seguir estando y siendo, poder, saber vivir. Por asociación de ideas la arena rosa que me he traído del desierto de Wadi Rum hace familia con las fotografías que ha ido haciendo Pepe Ángel González de las olas de la playa Victoria de Cádiz. Olas de tobillo para abajo a las que ha ido poniendo nombre en un largo proyecto de clasificación sentimental: Mis olas solas. Ahora, cada vez que paseamos la orilla sentimos la mirada del amigo en la piel de los ojos: el murmullo de peine dorado, el alboroto de plata, los mapas borrados, los destinos cruzados de las huellas de hombre y de gaviota… El año que se fue me trajo el conocimiento de la teoría de Ortega y Gasset sobre el cazador, donde se explica que la felicidad no es un estado sino un hacer durativo, voluntario, gratuito y dichoso: mejor que aspirar a ser feliz, ocuparse en una actividad felicitaria. Y el año se marchó dejándome una preciosa edición del “Tao Te King” (El Libro del Camino y su Virtud) publicada en EDAF. Regalo de  mi hijo con el dinero que ha ganado con el sudor de su frente de linier (un linier de catorce años). “El Camino del que se puede hablar no es el camino eterno”. En realidad, explica el traductor Stephen Hodge, esto significa, en el contexto de la filosofía china del 600 a.C., que “Cualquier principio que guía que pueda expresarse mediante el lenguaje no puede ser, por definición, constante”, porque todo fluye y cambia. Qué sorprendente inteligencia la de la China del taoísmo. Verdaderamente es absurdo encerrar la ilusión de la vida en doce uvas. Lo único, poder, saber vivir.

Diario de Cádiz, lunes 17 de enero de 2010, p. 12.