Pintura, naturaleza y quietud (2013/12/16)

PINTURA, NATURALEZA Y QUIETUD

Ahora que los niños tienen casi de todo y los mayores casi de nada, es el momento para regalar el paraíso. Historia de las tierras y los lugares legendarios, de Umberto Eco (Lumen, 2013), cuenta que los habitantes de la Edad de Oro, según Hesíodo, “vivían igual que dioses, con el corazón libre de cuidados; la mísera vejez no les oprimía y morían como vencidos por el sueño”. El autor de los Viajes de sir John Mandeville (siglo XIV) confesaba: “Acerca del Paraíso no puedo hablar con propiedad porque nunca estuve allí. Está demasiado lejos, pero me arrepiento de no haber ido. Sin embargo, os hablaré gustoso de este tema”. Con más conocimiento de edénica causa está Pintura, naturaleza y quietud (Blanca Ediciones, 2013), de Ricardo Galán Urréjola y servidora. Porque Urréjola y yo sí que hemos estado en el Paraíso: se ubica, por más señas, en la sierra de Cádiz, entre el río Majaceite y los Alcornocales. De la nueva serie pictórica de Urréjola (que se expone en la Galería Benot) sólo puedo decir que capta con intensa pasión la esencia del bosque, que es lo sagrado. Lo sagrado, decía Emile Durkheim, es lo que es adorado y reverenciado como garante último de la estabilidad de la comunidad, pero a la vez es también la fuente primaria de la inestabilidad e indiferenciación. Lo sagrado sólo es bueno si puede mantenerse a distancia de todo lo demás: de lo contrario, se convierte en terrible peligro (el instinto desatado, oscuro, voraz). La noción de lo sagrado es inseparable de nuestro profundo temor a la indiferenciación. Ahí están esos cuadros donde la mano abre océanos de vida en sombra dentro de la maraña del ramaje. El rompimiento de la luz, como en un cuadro del Greco: “Sopla la brisa y lleva mil pelusas:/ semillas voladoras./ El aire es una blonda de vilanos./ Puedo sentir el bozo de la brisa/ buscando florecer en mis pestañas./ Las bodas son, las bodas./ Son las bodas aéreas de los árboles”. Deseo hecho fantasma, dulce dónde, el trémulo corazón del abismo y su tiniebla. Para ir al infierno, decía Alberti, “no hace falta cambiar de sitio ni postura”. Para ir al paraíso, pues tampoco. Como los antiguos serenos, Urréjola al pincel, servidora a la pluma, les deseamos feliz Navidad.

Diario de Cádiz, lunes 16 de diciembre de 2013, p.
http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/1668619/pintura/naturaleza/y/quietud.html