Misantropismo (2011/05/09)

MISANTROPISMO

Phersu, el grupo de teatro clásico de la UCA, presentó en La Lechera su versión de El misántropo, la única comedia de Menandro (h. 342-292 a.C.) que nos ha llegado entera, y de casualidad: apareció hace relativamente poco en un vertedero junto al Nilo. Que la cultura termine en la basura no es nuevo ni casual: lo que produce el ser humano es en gran medida desechable. (Por eso Julio Llamazares, el antipregonero de la Feria del Libro, advirtió que el libro no es sagrado, la lectura no es obligatoria y los sacerdotes culturales son como los políticos: histriones y funcionarios.) El argumento de El misántropo es simple: los interesados en sacar adelante una historia de amor tienen que doblegar al padre de ella, Cnemón: un currante malhumorado y violento que no soporta la presencia del prójimo necio, ruidoso, hipócrita, torpe, vago, pedigüeño y tal. Un accidente aprovechado con astucia sirve para demostrar al irritable rústico que nadie está libre de necesitar a los demás. Llevar hoy a escena este tipo de comedia “naïf” requiere gracia. Y gracia desplegó Phersu en un espectáculo lleno de frescura desde la música que envuelve el santuario junto al que transcurre la acción, en un decorado -y con un atrezzo- logradamente minimalista (minimalismo: trasformación semiótica de la escasez en elegancia). Acierto en el maquillaje, que establece la máscara cómica sin restar expresividad al rostro. Porque la expresividad se sobreponía al texto generando un doble sentido malicioso. La malicia de Pako-Rón, sátiro y esclavo con pluma y a lo loco (genial, el pantalón caprino); la de Tino Villanego como Sóstrato, alfeñique elegantón y romeo cagapoquito; y la de Nerea Galán, ejemplo vivo de lo que aquí sabemos por Lope (la importancia del Gracioso), que fue llevando la obra a un crescendo hilarante, y de la que cabe sospechar que es la verídica hija de la Pantera Rosa. Se dice de Menandro que es el primer formulador del Humanismo. Debe ser verdad. Fíjense, ahora que vienen tantas elecciones, en este profundo pensamiento: “Son de desear la pereza del mezquino y el silencio del tonto”. ¿Tendremos la suerte de que el tonto se calle y el vil se inhiba? Ay, dulce Menandro, pues me temo que no.

Diario de Cádiz, lunes 9 de mayo de 2011, p. 22.

http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/969866/misantropismo.html