Meditación de Lita Mora (2014/01/13)

MEDITACIÓN DE LITA MORA

Eventualmente uno aloja en su casa a un sobrino, a un Erasmus… Esta temporada alojo una calavera anónima. Molestar, no molesta. Lo que pasa es que, a veces, veo una bolsa desubicada del Corte Inglés, me asomo, contemplo la rebanada forense que alguien le hizo, y me invade una especie de repelo filosófico. No sabía yo que en los osarios de los cementerios pudiesen adquirir los estudiantes huesos para sus clases de anatomía. Claro que he leído a Noah Gordon y asumo que el conocimiento del cuerpo pasa por la manipulación del cuerpo. Pero algo dentro de mí se encoge cuando miro esta cabeza y pienso en el futuro, en el pasado, en el presente. En la intemperie y la soledad. Me han regalado un libro de António Ramos Rosa, “Em torno do imponderável”. Son poemas cortos, llenos de sabiduría, que a una calavera le tienen que gustar, porque la lengua portuguesa sabe decir muy bien la melancolía. Le digo a mi calavera: “A duração da natureza humana/ é virtualmente mais longa/ do que a vida do homem./ E é essa a sua eternidade”. Y ella me responde: “Vivi tanto/ que ja não tenho outra noção/ de eternidade/ que não seja a duração da minha vida”. Lo cierto es que de alguna manera me siento moralmente obligada a proporcionarle a este desamparado cráneo una especie de cielo, un horizonte de maravilla. Voy a llevarlo al baluarte de la Candelaria, a las casamatas donde Lita Mora conjura la magia del Origen. Allí podrá esta cabeza ponerse los ojos con que velan los misterios las Esfinges:  verá ondular las barbas de Neptuno, arder las brasas de la seda, volar las semillas redondas de la vida bajo las bóvedas sagradas donde soplan los vientos, junto a la sala hipóstila donde nadan las sirenas. Y podrá ver las metamorfosis como si fuera Ovidio: unos caballitos de mar llevan a unas mariposas que llevan a los rostros amados. Y cómo en el lenguaje del amor no existe más que amor y no hay nada que sobre ni que falte, ni hay flor ni rostro feo. Y, oyendo cómo rompen ahí fuera las olas, pensaremos –con Ramos Rosa- mi calavera y yo que “Estar a la orilla de un regato/ oyendo el susurro del viento/ sobre un lecho de cañas/ es más que una oración/ porque somos un arco de duración voluptuosa”.

Diario de Cádiz, lunes 13 de enero de 2014, p. 14.
http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/1685004/meditacion/lita/mora.html