Meditación de Alfonso Bolipata (2013/06/17)

Meditación de Alfonso Bolipata

Hoy es mi cumpleaños. Eso quizá influya en que esté leyendo “Una pequeña historia de la filosofía” (2013). Porque la filosofía -dice Nigel Warburton- trata fundamentalmente de cómo deberíamos vivir y en qué consiste la felicidad. Me gusta Aristóteles (pensar en todo lo que él pensaba hace 2500 años es algo que nunca deja de admirarme): vamos en busca de la “eudaimonía”, que más que “felicidad” (tal como se suele entender en occidente) sería, literalmente, un estado de realización moral. No es cuestión de ir en busca del placer individual satisfaciendo deseos efímeros, sino de intentar ser mejores personas interactuando con quienes nos rodean en un estado político ordenado. En términos budistas, “iluminación interior” (pero Aristóteles tiene una dimensión cívica diferente). Una se pregunta cuántas sesiones de yoga, psicólogo, autoayuda… lleva doblegar nuestra “hybris”, nuestra desmesura, nuestra enorme capacidad de sumirnos en la insatisfacción, la angustia y el hastío. En la Casa de Iberoamérica hubo el otro día un concierto auspiciado por la embajada de Filipinas con motivo del 115º Aniversario de la Independencia de este país y el 11º de la Amistad Hispano Filipina. El violinista Alfonso “Coke” Bolipata hizo vibrar la tarde con la “Meditación” de Massenet y la “Danza española” de Manuel de Falla. Mi amigo Hans-Joseph Artz comentaba que, para Schopenhauer, la música es la forma artística más perfecta, porque culmina deshaciéndose en la nada: pura Idea de la belleza. Mi amigo Hans-Joseph es alemán y platónico. Schopenhauer, un filósofo con fuerte vena budista: ese momento en que la belleza se revela en su plenitud a la vez que se deshace como una ilusión mental es muy parecido al “satori” zen. Pienso en la música, en la felicidad, en el tiempo. En ese concierto de violín irrepetible, fugaz: en todo el aprendizaje existencial que hasta allí llevó a Bolipata, a Hans Artz, a mis padres (que también estaban). Pienso que la “eudaimonía” aristotélica es, etimológicamente, como el “ángel bueno” (ese que, según Alberti, cava una zanja de luz en nuestro pecho para hacernos el alma navegable). Y pienso en la inmensa fortuna de haber sido educado (y vivir de educar) para la belleza.

Diario de Cádiz, lunes 17 de junio de 2013, p. 14.

http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/1546219/meditacion/alfonso/bolipata.html