Los villanos del ladrillo (2010/08/29)

Me manda un amigo una invitación a firmar un manifiesto contra “los villanos del ladrillo”, en concreto contra la pretensión de construir un hotelazo en El Palmar de Vejer y arruinar así uno de los últimos paraísos naturales de nuestras costas. No estoy en contra de la explotación turística del litoral, siempre que sea respetuosa con el medio, pero acabo de andar por Tarifa, ejemplo de boom costero en nuestra provincia, y el asunto merece una consideración. Nada diré del casco histórico tarifeño, con un notable encanto entre “cool” y decadente. Ni del caserío desangelado que envuelve el centro histórico. Pero sí que conviene detenerse en las últimas promociones de apartamentos frente a la playa. Andarán entre 30 y 60 metros cuadrados, vienen a costar entre 240.000 y 510.000 euros, incluyen piscina comunitaria y por dentro son monos. A simple vista se ve que el edificio se ha entregado antes de terminarlo (la puerta de entrada no tiene pomo, y nadie se lo va a poner a lo largo de los dos meses largos de temporada), pero a ojo no se puede saber que no se debe utilizar a la vez el fregadero y la lavadora, porque el sistema de desagüe es un horror, y menos aún se puede imaginar que cualquier día se electrocuta una familia entera, porque por debajo del suelo el desagüe inundable está muy pegado al tendido eléctrico, formado por mazos de cables pelados, sin protección alguna. Incluso aunque haya bloques terminados, la zona está escasamente urbanizada: faltan aceras y la mezcla de solares pelados, manchas de hierbajos y elegantes palmeras más parece escombrera de barriada que ajardinamiento de zona residencial. Claro que la mezcla de estilos arquitectónicos relamidos (fachadas tipo Pin-y-Pon) nunca se confundiría con una genuina periferia obrera, pero la proximidad de un enorme Mercadona, con su estética de polígono industrial, anexo a tiendas surferas, introduce de nuevo esa ambigüedad opresiva. Más allá, en el horizonte, el sembrado de molinos de viento de Iberdrola, a menudo parados. Uno se pregunta quién licitó estas promociones, quiénes las han construido, de quiénes dependió el control de calidad y la inspección, etcétera, etcétera. Pero estamos a finales de agosto, luchamos por un karma positivo, y preferimos aferrarnos a la felicidad. Y, con Manuel Machado, cantar “el mar amado, el mar apetecido. El mar, el mar, y no pensar en nada”.

Diario de Cádiz, 29/08/2010