Los últimos de Filipinas (2017/02/06)

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LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS

No ha estado mal la gala de los Goya ni Dani Rovira, sureño decoroso. Yo tengo el corazón dividido entre “El hombre de las mil caras”, “Tarde para la ira” y “Que Dios nos ampare”, pero también quiero reivindicar “1898. Los últimos de Filipinas”, de Salvador Calvo, como ejercicio interesante. El año pasado, cuando festejamos a Cervantes, me llamó la atención que dos conferenciantes distintos pero estelares –Luis Alberto de Cuenca y Jordi Gracia- expusieran su admiración por el Cervantes soldado situándolo en su época. ¿Estaremos empezando a digerir nuestra propia historia? El otro día pusieron en la tele la primera versión fílmica de “Los últimos de Filipinas”: la de Antonio Román, de 1945, que no era mala película aunque portase la ideología nacionalista y católica del momento. Esta de ahora porta la ideología del presente, postmoderna y postcolonial. De 1945 a 2016 hemos pasado de la glorificación del sentido del deber a la reflexión sobre el deber sin sentido; del romanticismo individual al drama colectivo; de España como imperativo absoluto a España como relato circunstanciado. Uno de nuestros mayores problemas ha solido ser el de considerar como virtud lo que aquello de “defendella y no enmendalla”. Y no: los tiempos y las circunstancias cambian, y sobrevivir con éxito requiere pensar y actuar en consecuencia. A menudo nos hemos consolado de la ruina física y material con placebos metafísicos y simbólicos: de nuestras debacles imperiales salieron nuestros mejores escritores. De Lepanto, una victoria cara e inútil que terminó en abandono del Mediterráneo, salió Cervantes, manco pero a la larga nuestro mejor escritor. En esta película lo que sale de la derrota y abandono de Filipinas es, en la ficción, un mozo que se queda manco del brazo con que aspiraba a ser un gran pintor. Un brazo que no le arrebató el enemigo, sino la inquina cerril y envidiosa de un sargento. Curiosa, esta analogía de manco a manco pasando por imperios perdidos. Curiosa esta inversión de “la más alta ocasión que vieron los siglos” cambiándola en ocaso. Y muy bien Salvador_Calvo, que además es primo carnal de mi marido. El primo Salvador.

Diario de Cádiz, lunes  6 de febrero de 2017, p. 14.