La espalda del ángel (2016/10/31)

http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/2401455/la/espalda/angel.html

La espalda del ángel

 A veces uno no sabe qué decir, y entonces viene el arte. Alguien tuvo una hija que enfermó muy joven y un día la ves, a esa hija, en un hospital exhalando su último suspiro; y es tan leve el escalón entre la vida y la muerte que solo se da cuenta su marido, que se le abraza llorando. Poco antes estaba la hija respirando aún mientras su padre le daba la mano, y se quedaba dormido mi suegro dándole la mano y solo era un susurro el de mi suegra que decía: “que ha dicho la doctora que todavía puede oír y que no debemos decir en alto cosas tristes”. Tengo sobre la mesa un libro de María Alcantarilla que se titula La verdad y su doble. Es una antología de poemas que le gustan a ella unidos a fotografías que le han inspirado esos poemas y que ahora mismo se exponen en el ECCO. Hay  una foto en portada: es una espalda desnuda de mujer con un brazo doblado hacia detrás con la mano como que dice adiós, o dice hola, y a la altura de la paletilla derecha hay una pluma muy pequeña –un plumoncillo- como si fuera la raíz de un ala. A mi cuñada Chica le gustaba coleccionar ángeles niños. Y la foto de la espalda de ángel mujer es para un poema de Ana Gorría que se titula “Límites para el cielo” y dice: “Después el sueño/ lento,/ la morosa/ caducidad de un niño./ El pájaro que olvida la distancia”. Y en las viejas leyendas el alma es como un pájaro que un día se sale para siempre de la caja del pecho para volver al árbol esencial. Hay una foto de una casita de madera para pájaros, preparada y vacía, junto a una rama pelada de adelfa, y un poema de Chantal Maillard que se titula “Intermedio” y parece escrito para dar voz a mi cuñado: “Entre una imagen tuya/ y otra imagen de ti/ el mundo queda detenido./ En suspenso. Y mi vida/ es ese pájaro pegado al cable/ de alta tensión,/ después de la descarga”.  Y hay una foto de un paraguas plegado pero sin tela, solo las varillas en torno al mango, una armazón desnuda. Y un poema de Antonio Rivero Taravillo que se titula “De senectute” y que termina: “Envejecer es esto:/ que muera el corazón sin que se pare”. En las fotos de La verdad y su doble, sin embargo, no están los ojos de mi cuñada y su sonrisa cuando era feliz. Porque ella supo serlo.

Diario de Cádiz, lunes 31 de octubre de 2016, p. 12.