Juego de cartas (2010/10/25)

JUEGO DE CARTAS (PARÁBOLA)

El Club Bilderberg (ya saben, el cenáculo –conspirativo quizá− de Amos del Mundo) me pregunta por los últimos cambios de gobierno y el porvenir de España. Yo decido contestar de una manera misteriosa, o sea, mediante una parábola. Había una vez un escritor que se llamaba Max Aub. En 1964 publicó la novela “Juego de cartas”. Es una baraja donde cada naipe reproduce una epístola. En la caja, por detrás, vienen las reglas del juego: “Se baraja, corta, reparte una carta a cada persona que toma parte en el juego. La primera, a la derecha del que dio, lee su texto, luego, el siguiente, hasta el último. Gana el que adivine quién fue Máximo Ballesteros”. Pienso en España y me dispongo a hacer el solitario del Tarot. Barajo y doy. Tres de bastos-rombos. Leo: “Querida Margarita: Máximo tenía un natural sentido del deber. Cada uno es honrado a su manera. Capaz de cualquier barbaridad si creía estar en lo justo, sectario, si quieres; pero todos, por ser hombres, lo somos en un grado u otro; la madre por sus hijos; cualquiera por sus ideas, si las tiene. Hay quien cree que el dinero mueve el mundo y, consecuente, se vende; quien está seguro de su fe y es capaz de traicionar a sus padres; quien cree en la burocracia y es incorruptible. Lo único que no te puedo decir, porque lo ignoro, es en qué creía Máximo. With kindest regards. Alejo”. Nueve de oros-picas: “Señora doña Carmen: Sé la desgracia que la aflige pero no se desanime, la ESPERANZA más preciada que hombres más justos han acariciado está próxima a cumplirse. En estos tiempos de calamidad las vanas esperanzas de hombres egoístas se esfuman, pero la ESPERANZA cimentada sobre un fundamento inamovible es de pronta realización. Aproveche esta ocasión única para unirse a nuestro movimiento y tendrá la seguridad de poder comunicarse enseguida con aquel espejo de caballeros que fue su querido esposo. En espera de su conformidad la saluda muy atentamente. Raquel Moriles”. As de rombos-bastos: “Américo, hermano: No le busques más. Fue un hijo de la tal por cual. Que a su madre le haya parecido un ángel no cambia las cosas. Que Miguel, Ramón, José, le creyeran simpático no altera el producto: créeme, fue un hijo de la tal por la cual. Me consta. Adolfo”. Por último, comodín: “Querida Marcela: Fue por casualidad. Jacinta”. Me dirán acaso ustedes: “Esto no tiene ningún sentido”. Y yo contestaré quizá: “Bueno, y qué. O es que piensan que Aramis Fuster sabe mejor de qué habla”. Yo les recomiendo, si precisan más datos, “Juego de cartas”, de Max Aub, recién reeditado por Cuadernos del Vigía (50 euros, una joya). No se arrepentirán.

Diario de Cádiz, lunes 25 de octubre de 2010, p. 7.

http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/820495/juego/cartas/parabola.html