Halloween (2015/11/02)

HALLOWEEN

De compras. Cinco horas después, al fin sentada. Yo en realidad no vengo a comprar nada: voy de madre acompañante, que es esa que opina en vano, tiene una idea muy equivocada de todo y al final paga. (A saber si toda esta ropa informe, babosa y malilla no estará hecha literalmente con fibra de chino humano.) Mientras tanto, mi hija se dirige a cubrir el segundo objetivo: a última hora del último día, antes de salir de viaje, busca unas botas negras de caña alta con suela pero no tanta suela, sin tacón, sin dorados, sin herrajes, pero no así tan aburridas, sino con una gracia, con “un-no-sé-qué”, pero estas se pliegan, aquellas se arrugan, estas no son bonitas de frente, ni aquellas de perfil, estas parecen de caballista, y estas otras serían ideales si fuesen negras –pero no son negras-, ¿seguro que no las hay negras?, bueno, estas me gustan aunque no sean negras, pero yo lo que necesito son unas botas negras… A mi lado, maravillosamente maquillada de calavera mexicana, se sienta una niña vestida de bruja en Halloween. Con su tutú fruncido de gasa fúnebre parece la novia cadáver. Pero está sola y se aburre; se siente fuera de lugar con su calabacita de plástico. Dan ganas de echarle a la calabaza, no sé, una hija con botas por ejemplo. La dependienta empatiza: “No, si yo te entiendo porque yo siempre ando con zapato plano, pero es que no se me ocurre qué ofrecerte…” (Qué gran responsabilidad moral, que el Corte Inglés no esté surtido de una gama infinita de las botas que a mi hija se le acaba de ocurrir que necesita). Y dijo Dios: Sean las botas marrones. “¿Te gustan, mamá?”. “No particularmente”. “Hay que ver cómo eres”. La dependienta ha desaparecido. (Se habrá desmayado detrás del stand de zapatillas Nordikas.)  Apoyá en el quicio del mostrador, espero para pagar las botas negras, negras como la albahaca. Fuera llovizna. Pasa corriendo un cortejo de niños vestidos de esqueletillos… Cuando sean mayores a lo mejor se juntan con la pequeña novia cadáver para dar la vara kultural en algún local alternativo leyendo el Tenorio. Qué lejos queda, ángel de amor, el tiempo en que nosotros no éramos americanos. ¿Cómo se dirá en inglés “Daría la vida por un Ibuprofeno?”.

Diario de Cádiz, lunes 2 de noviembre de 2015, p. http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/2146055/halloween.html