El sexo de la soledad (2015/10/19)

EL SEXO DE LA SOLEDAD
Me comenta mi padre que Bach y Haendel se admiraron mucho aunque nunca coincidieron. Realmente tampoco se necesitaban: cada uno era una cima y cada uno triunfaba en su ámbito profesional. Muy distinto es el caso de los poetas Carlos Edmundo de Ory y Juan Eduardo Cirlot, uno gaditano en Madrid, el otro barcelonés en Barcelona. Cuando en medio de los años 40 se publica el primer y único número de la revista Postismo, Cirlot escribe inmediatamente a sus directores, y así empieza su correspondencia con Ory, particularmente intensa entre 1945 y 1947. Ambos eran jóvenes (Carlos un poco más) y estaban en su etapa de irrupción en el ámbito cultural; ambos eran excepcionales y estaban -como herederos del surrealismo en la España de posguerra- muy solos: necesitaban un aliado. Así es como funciona el medio sociocultural: por alianzas que buscan reforzar la autoestima y el impacto en el medio, la visibilización. Ory y Cirlot eran muy iguales en su egotismo y su afán de eternidad y muy distintos en su temperamento: “Tú eres lo que se puede llamar un homo religiosus, un intelectual: que está antes del misticismo y después del amor. Es decir, no un hombre que muerde lo imaginario con una boca real, sino que muerde lo real con una boca imaginaria”, le escribía Carlos a Juan Eduardo en 1947. Éste, a su vez, le contaba al amigo que su relación, partiendo del tremendo “yoísmo”, solo era posible así: sin contacto personal, por carta. Esta correspondencia se reanudó entre 1970-71, cuando ambos estaban en su cenit creativo pero en situación vital muy distinta: Cirlot, nihilista y deprimido, a pocos pasos de su enfermedad mortal. Ory, exaltado de libertad en pleno ambiente del mayo francés del 68. Esta espléndida correspondencia, inédita en conjunto, es patrimonio de la Fundación Carlos Edmundo de Ory. La semana pasada tuvieron lugar sus V Jornadas, dedicadas a Cirlot en relación con Ory, y hasta el 13 de noviembre está abierta al público, en el ECCO, una muestra de este fondo documental. El arte, como el sexo, aspira a la perpetuación. “Estamos hechos de un sexo solo: sexo de soledad”, escribía Ory. Este es quizá el sentido profundo de una amistad epistolar.
Diario de Cádiz, lunes 19 de octubre de 2015, p. http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/2135500/sexo/la/soledad.html