El secreto (2015/04/06)

                                                           EL SECRETO 

Por fin he conocido Sicilia. Una semana en autobús con el peor guía del mundo no me faculta para escribir un libro a lo Goethe o Maupassant, pero un twiter o dos sí que puedo, y aparte de eso voy tomando notas para cuando yo escriba mi gran guía de viajes por el mundo para personas sencillas españoliformes. En lo que a cultura se refiere, se recomienda no exponer al cliente a una sobredosis de datos históricos: al fin y al cabo, romanos, románicos o románticos, a usted qué más le da. La cultura hay que liquidarla pronto para poder pasar a la apasionante sección de tópicos, chistes, cotilleos y ese sentimiento de que todo lo que hay fuera de casa es francamente peor. O raro. Si no se le ocurre al touroperador cómo sacarte dinero, te dan tiempo libre, preferiblemente cuando todo esté a punto de cerrar. El español raramente se lleva una guía viaje (en formato libro), desconoce las maravillas que se va a perder, los planos italianos no se entienden y lo que uno está deseando, en el fondo, es escaparse a comprar imanes y hacerse fotos. Los sitios que no se pueden fotografiar se compensan con los grandes exteriores, donde es posible salir dos veces en una misma panorámica. La soledad del español se alivia con el móvil. Si no hay cobertura, entonces tenemos un problema, Houston: póngame una copa. El español es criatura delicada. Hay que escoger para él hoteles y menús de gran lujo a precio de kebab, porque de lo contrario se resiente y enoja. El menú italiano consta de antipasto, pasta y postpasto. En cuanto a la sociabilidad, conviene pensar un método que rompa el malestar que siente un español obligado a compartir mesa con desconocidos. Otro que explique que los asientos del autobús (los buenos) no se poseen de por vida. Y otro que enseñe a las españolas escrupulosas a no subirse encima del váter. Yo aconsejaría a los establecimientos redistribuir los servicios, de modo que, si hubiere dos, se destinasen a las categorías “Váteres para sentarse confiadamente sobre nalgas o glúteos”, “Váteres para escalar el Niágara con los zapatos puestos”. En fin, creo que a estas alturas ustedes se hacen una idea de Sicilia tan profunda como yo. De Sicilia, Viena o Praga, tanto da. Mi secreto: Mapa Tours. Y si usted es guía, procure no dar su nombre, no dar su móvil, inspirar un poco de simpatía [y otro poco de lástima, y recoger usted mismo las encuestas de satisfacción, por si las moscas.]

Diario de Cádiz, lunes 6 de abril de 2015, p. 12.

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