El calendario de Cadigrafía (2010/02/01)

EL CALENDARIO DE CADIGRAFÍA

No sé si se han percatado de la importancia de elegir un almanaque: durante 365 días uno va a estar expuesto a sus imágenes, y es deseable que no nos dé un ataque de claustrofobia (tanto abrazo de Klimt), un subidón de azúcar (esos bebés vestidos de pera gordita) o una crisis existencial (delirio de bomberos en pelota). Por eso, porque viene a ser como un mantra, le tengo gran devoción al calendario de Cadigrafía, que tiene el tamaño justo, un diseño luminoso y limpio y, siempre, motivos de Cádiz. El de este año, con fotos de Pilar Pastrana, me parece particularmente feliz: han cogido la palabra COMUNICACIÓN y han buscado doce emplazamientos donde ubicar cada una de las letras en formato gigante. El año gaditano empieza en febrero: la C de Carnaval sobre el patio de butacas del teatro Falla invita a salir al ambigú donde atiende el amigo Selu (“no sé si me explico”). La O de marzo sobre los bloques del espigón de Santa María del Mar está pidiéndole a Willy el surfero una tapa de olas. Abril, en la restaurada y elegante plaza de abastos, despacha cuarto y mitad de bicentenario de las Cortes (M: Mercado del 12, Más de lo Mismo, pero muy liberal y muy fresquito). La U de mayo homenajea a la Universidad frente a uno de sus edificios más bellos: el antiguo hospital de Mora, hoy facultad de Económicas y Empresariales que, siendo como es el Palacio del Pasillo, en cierto modo resulta una alegoría de la cultura subsidiada (o de la deuda histórica). La N de junio en el embarcadero del club Náutico se pregunta qué ha sido del proyecto de Puerto América (con su ruina-barco y su barito puerco). Julio y noviembre descubren los arquitectónicos encantos del Hospitalito de Mujeres (habría que aprovecharlo mejor: a ver si Jesús Maeso lo saca en alguna novela, o viene algún miembro o miembra del gobierno, ahora que presidimos Europa, a dar una homilía). La C de la Caleta en agosto inventa una perspectiva de playa kilométrica, a tono con un hotel de lujo fantasmal. Septiembre en la Alameda sabe a nombres de plantas (en Cádiz tenemos un arbolado de lujo), y octubre entre catedrales enseña que lo más estético del espacio es el espacio mismo. Diciembre invita en la muralla de San Carlos a la intimidad del paseo. En enero, con una vista de Dragados desde la barriada de la Paz, las luces en la noche hablan del trabajo que sustenta el sueño de futuro. El sueño del futuro. Cuánto me gusta el calendario de Cadigrafía, amigo Selu. (No sé si me explico).

Diario de Cádiz, lunes 1 de febrero de 2010, p. 13.