Delicias turcas (2016/08/08)

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DELICIAS TURCAS

“Procrastinar” es una palabra que se puso de moda en el ámbito anglosajón, aunque su raíz es latina: procrastinar es posponer, aplazar, diferir, dejar para mañana (en latín, “cras”) lo que se tendría que hacer hoy. Es curioso que estas palabras que nos vienen de fuera definan tan bien lo que hacemos aquí dentro. Por ejemplo, nuestros políticos llevan desde el 21 de diciembre de 2015 posponiendo una solución razonable para formar gobierno. Más interesante aún es comprobar que si el concepto es viejo, la nueva palabra viene asociada a novedosos análisis del comportamiento. La procrastinación, dice la wikipedia, “se trata de un trastorno del comportamiento que tiene su raíz en la asociación de la acción a realizar con el cambio, el dolor o la incomodidad (estrés). Éste puede ser psicológico (en la forma de ansiedad o frustración), físico (como el que se experimenta durante actos que requieren trabajo fuerte o ejercicio vigoroso) o intelectual. El término se aplica comúnmente al sentido de ansiedad generado ante una tarea pendiente sin tener una fuerza de voluntad para concluirla”.

            Pienso en Mariano Rajoy y en Pedro Sánchez. Me pregunto qué tipo de asociación será predominante en ellos: ¿miedo al cambio, al dolor, a la incomodidad?  Hay quien considera que la procrastinación puede ser un síntoma de algún trastorno, como depresión o TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad). A Pedro Sánchez sí puedo imaginarlo con un TDAH, pero lo de Mariano no sé si es depresión o galleguidad, que esa forma pseudo racial de ser astuto, taimado, artero, cuco. En fin, estoy empezando a pensar, con Ortega y Gasset, que lo peor no es tener una enfermedad, sino “ser” una enfermedad. O, como decía un irónico proverbio de Antonio Machado, “confiemos en que no será verdad nada de lo que sabemos”.

            Menos mal que ya están aquí las olimpiadas y a la vuelta del verano sabremos qué va a pasar con la trama valenciana del caso Gürtel y con el caso Noos. Es de suponer que esto no lo difieran. (Nuestra democracia a veces parece tener un cierto regusto arcaico, como de delicia turca. Sabor a mermelada de humedad.)

Diario de Cádiz, lunes 8 de agosto de 2016, p. 11.