Columellia (2014/01/27)

COLUMELLIA

Una exposición conmemora, en la casa de Iberoamérica, los 150 años de la fundación del Instituto Columela. Qué vieja, y que nueva siempre, resulta la aventura de enseñar, de aprender, de aprender a enseñar (etcétera). Y qué justo este homenaje a las huestes docentes que en el Columela son y han sido. Este viernes de enero nos depara una escenificación espontánea del Diluvio universal. Llego tarde. Una bonita voz ameniza el acto con música de la tierra. Pienso en mis amigos profesores (jubilados o aún no), en los alumnos que un día lo serán (profesores). Pienso en lo mucho que tiene de épica la vocación docente: hay cursos en que uno desciende por enésima vez a los infiernos (catábasis), y sigue habiendo momentos de anagnórisis, cuando un alumno sale de la oscuridad del caos primordial y se revela heredero legítimo del fuego de los dioses: Prometeo gaditano, divinamente inteligente en cualquier modalidad (médico, maestro o comparsista). Imaginen la ilusión con que el profesor de ciencias naturales debió recibir en su día este modelo gigante de caracol, imprescindible para ver con los propios ojos la trastienda de un exoesqueleto. Imaginen cuántas huellas digitales atesora esta maqueta de los glacis de las Puertas de Tierra. Imaginen la infinita sorpresa de abrir los ojos en este mismo lugar hace dos mil años, y encontrarse haciendo cola a las puertas de un teatro romano (o, hace algo menos, de un casting para James Bond). Imaginen la emoción filológica de llegar al Decathlon de Valdelagrana para descubrir que ese encargado lleno de eficiencia y amabilidad en cuya placa dice “Temi”, en realidad se llama Temístocles, de la misma manera que el resto de sus hermanos se llaman Heráclito, Sócrates, Alejandro y Dioselina (¿quién era Dioselina?). Son momentos en que la realidad alcanza la intensidad de un delirio… Un delirio docente. Llueve a mares. Entre los hilos de la lluvia, los eslabones humanos: estoy viendo aquí la cadena de oro, el gran símbolo órfico de la transmisión del ser. Me embarga la gripe y la emoción. Hay una flor que lleva, en honor del botánico Lucio Junio Moderato, el nombre de Columellia (un género de astérida, algo así como una margarita).

Diario de Cádiz, lunes 27 de enero de 2014, p. 14.
http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/1695379/columellia.html