Bloomsday blues (2010/06/07)

Me gustan las novelas de Enrique Vila-Matas porque son un petardo.  El tipo tiene una fórmula curiosa. Primero se le ocurre un hilo argumental: un editor jubilado decide dejar de ser un hikikomori (un autista informático japonés) para distraer su depresión dando cuerda a dos obsesiones: encontrar al escritor genial desconocido, e ir a celebrar el funeral por la Era Gutenberg a Dublín el 16 de junio, o sea el “Bloomsday”, el día en que James Joyce hizo transcurrir su novela “Ulysses”. A partir de aquí no pasa nada, todo es anodino incluso aunque pase, pero hay unas frases estupendas unidas a un extravagante sentido del humor. Yo valoro mucho el esfuerzo que hace Vila-Matas para que de vez en cuando, asistiendo al espectáculo de su inteligencia, me sienta un poco cómplice. Cómplice de la irrupción del budismo en su vida: yo también debería pensar que la historia universal fue un sueño. Dense cuenta de que es irrelevante, contemplado desde el punto de vista del nirvana, que tengamos un gobierno que carece, no de sueños, sino de sentido de la realidad. (La realidad: qué es eso. Una falacia gnoseológica: la realidad). Desde el punto de vista de lo eterno no hay gran diferencia entre nosotros y esa panda más o menos zafia o elegante de medrones que son nuestros representantes electos. (En democracia el verbo “elegir” a menudo es curioso, bastante irregular). Que suscribamos la huelga de funcionarios del 8 de junio es por nuestra parte un detalle para con los sindicatos, que tanto sufren y que no tienen nada que ver con el país. No. Nosotros no somos Hacienda. O ¿es que aquí de repente vamos a ser todos alemanes? (¿Alguno de ustedes cree, en serio, o sea, “sub especie aeternitatis”, que merece la pena tener visión macroeconómica, ser alemán?). En fin, leyendo a Vila-Matas, decido no ponerme en huelga porque, desde el punto de vista antibestseller, de repente considero que es, no importante, pero sí electrizante y neurótico, que yo contribuya: A) a sostener con mi 5% el estado de la Nación; B) a mantener la Alianza de Civilizaciones examinando a mis alumnos Erasmus; y C) a que no muera del todo la Galaxia Gutenberg (o sea, el mundo de los buenos  libros), para lo cual celebraré algo tan absurdo como el Bloomsday: un Examen de Literatura Española. Una manera como otra cualquiera de revivir una aburrida odisea en busca del entusiasmo original.

Diario de Cádiz, 07/06/2010

http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/718773/bloomsday/blues.html