Avatar (2015/06/15)

AVATAR

 Me manda una cuñada una serie de chistes gráficos unidos por el concepto “Tiempos Modernos”. Una superficie marmórea sobre la que se lee esta frase lapidaria: “VALOR  es tener problemas y no andarte quejando en facebook”. Una viñeta que presenta una mesa de banquete y un señor que, situado frente al perfecto alineamiento de plato, juego de tenedores a la izquierda, juego de cuchillos a la derecha, escala descendente de copas arriba a la derecha, con el móvil en la mano le pregunta a su compañera de mesa: “El móvil, ¿se coloca a la izquierda o a la derecha?”. Mi preferido es uno que se titula “Si Cristo resucitara hoy…”: se ve a Jesús saliendo de su sepulcro, resplandeciente, radioactivo, y todos los apóstoles apostados como paparazzis junto a la piedra removida blandiendo sus móviles emocionados: “Pal feisbuk!”.

Al principio era gente que andaba berreando con su móvil en la mano, dándose aires de estar negociando con su agente de Wall Street mientras llenaba el carro en el Carrefour. Luego fueron las cartas a los Reyes, donde los padres no encontrábamos ningún deseo reconocible (Pokémon topacio, Wii, iphone 4). Llegó el momento en que los almuerzos familiares se llenaron de parientes que se sentaban a wasapear en silencio. El caché que uno tenía en un acto social quedaba de manifiesto cuando tu interlocutor estaba pendiente de los mensajes que le entraban en el móvil y a cada dos por tres (“perdona”, “disculpa”) te daba la espalda y te dejaba en stand by. Las sintonías del móvil interrumpiendo clases, conciertos, funerales con las melodías más insospechadas: “Te estoy amando locamenti…”. Paseas por la calle y todo el mundo lleva auriculares. Vas de viaje y piensas que la publicidad de la agencia debería ser algo así como: “De selfies por Sicilia”. En la bandeja de correos tienes mil mensajes de que fulano o mengano han actualizado su perfil. A veces me siento rara. No vivo una vida alternativa de avatar en un blog. No me caben los dedos en las teclas del móvil. Y salgo a pasear por la orilla con las orejas antiguas, desplegadas como inmensos pabellones auriculares (que decía Félix Rodríguez de la Fuente) mientras suena a pelo el mar.

                                               Diario de Cádiz, lunes 15 de junio de 2015,

http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/2052097/avatar.html