Automoribundia (2017/05/15)

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AUTOMORIBUNDIA

De pequeña me encantaba el festival de Eurovisión. Mi madre nos enseñaba geopolítica: éramos la España de Franco y no podíamos ganar. Era cuando el Reino Unido (que entonces se llamaba Inglaterra) partía siempre la pana. Dejamos de ser de Franco pero dio igual, porque era la época de Abba y los celtas irlandeses. Luego entramos en la Unión Europea, pero se incorporaron todos los países de la antigua Unión Soviética, que se votaban entre sí, y tampoco podíamos con las endogámicas tribus de la estepa. Este año me siento frente al televisor con mis sobrinillos. Jugamos a votar y a tomárnoslo en serio mientras nos atiborramos de comida basura, alienándonos adrede. No sé cuántos países participan porque lo que sea Europa, con Israel, Azerbaiján y Australia incluidas, es algo poco evidente. El lema de este año es la diversidad. Empezamos a escuchar con bastante interés pero nos cuesta diferenciar lo que se podrían llamar propuestas musicales. Incluso lo supuestamente étnico suena casi todo como a élfico (menos unos romaníes inefables que aporta Hungría). La puesta en escena, con mucho fuego artificial, homogeniza. A mi sobrino Javi le gustan las chicas rubias y mullidas. Luisete, prepubertoso, sintoniza con los chavales de aspecto frágil (el búlgaro y el australiano). Vito tiene un feeling de rocker celíaco asocial (ucraniano). Lejos ya de los prejuicios de mi madre (partidaria siempre de las modosas debutantes vienesas, o de los caballeros galos), el resto nos desconcertamos entre las divinidades de la colonia cara (Invictus y Olympea), los favoritos oficiales (un patoso italiano del año pum) y esa Heidi del yódel acompañada del rapero (imprevisible Rumanía). Yo pensé que a nuestro Manel lo iba a salvar el gordo esquizo de Croacia, pero no: nuestro beach boy del cantón de Sabadell fracasa por libre. Al final coincidimos en pensar que es curioso que la peña exsoviética esté desunida (quizá porque Putin ande puteando a Ucrania, Bielorrusia, las repúblicas musulmanas y los países bálticos), y que, con la Unión Europea en trance de pasar a mejor vida, va a seguir siendo simbólico que gane el muchacho portugués con su bonita canción triste y su puesta en escena moribunda.

Diario de Cádiz, lunes 1 de mayo de 2017, p. 12