Ama, reza, come (2011/01/03)

AMA, REZA, COME

            Termina diciembre con los consabidos resúmenes del año que pasó y uno se sorprende (se vuelve a sorprender) de lo lejos que parece quedar casi todo: el vertido de la BP en el Golfo de Méjico, la erupción del volcán islandés, el ataque israelí a la flotilla de la libertad propalestina… Mi padre brinda, como todos los años, por los presentes y por los ausentes (¿en qué momento recordamos a los ausentes mucho más que a los que están?). Mi suegra brinda y llora, porque no puede vivir sin emocionarse ni emocionarse sin llorar. Pasan las horas entre telediario y telediario, entre comida y comida, todo el mundo charla y uno se pregunta. Se habla, por ejemplo, sobre si el hecho de que un señor sea a la vez presidente de una diputación, alcalde de su pueblo, presidente provincial de su partido y consejero de una caja de ahorros es algo que entra en su estado de bienestar o en la política de contención del gasto (¿cobrará el señor presidente-alcalde-consejero sueldo y dietas de ahorro, tipo tres-en-uno? ¿Caerá sobreexplotado, con sobredosis laboral?). Da la impresión de que, junto a los oligarcas de siempre, y junto a los profesionales socialmente emergentes, están las familias políticas que van consolidándose como otro estamento que, de aquí a tres generaciones, será –a poco que se sepan gestionar− de “los de toda la vida”: carne de privilegio. A mayor honra y servicio de la democracia, quién lo duda. Veo cómo el sector de pequeños empleados, mileuristas o poco más, se histeriza a medida que comprueba que ellos se hartan de trabajar sin expectativas de mejora mientras hay parados de oficio que viven de subsidios y  ayudas que complementan con el trabajo sumergido. (De estas iras viene la xenofobia y la ampliación de la base social de la carcundia, pero ¿le importa esto a alguien, mientras los partidos buscan clientela?). Claro que aquí, parafraseando a Rubén Darío, quién que es español no es conciencia (diestra o siniestra) de occidente. También me pregunto, con respecto a las “sugerencias” ortográficas de la Real Academia de la Lengua, hasta qué punto las airadas defensas de la ortografía de toda la vida no son amor a la lengua sino al privilegio que comporta dominar un arte de escribir. Entre telediario y telediario, y comida y comida, mastico y pienso. Mi concepto del ser humano creo que no mejora con los años. Pero yo también amo, rezo, brindo, lloro. Y como. Y les deseo feliz 2011 o 2012, sin discriminación de número ni tilde.

Diario de Cádiz, lunes 3 de enero de 2011, p. 7.

http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/871519/ama/reza/come.html