Que no panda el cúnico (2017/05/29)

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QUE NO PANDA EL CÚNICO

Hay quien anda asustado con la deriva populista de Occidente. Un amigo comenta que no ve cómo puede lidiar una persona respetuosa, con trabajo y con noción de lo que se llama “bien común”, con ese lamentable corral de gallinas en que se han convertido los plenos del Ayuntamiento. Gentes que trabajan en sanidad se lamentan de la cara dura de esos pacientes groseros y desconsiderados que asaltan las consultas exigiendo no ya salud, sino de todo y a costa de quien sea (y ojo, que te denuncio). Lo mismo gentes que trabajan en vivienda social y tienen que soportar los pollos premeditados que montan esos insolventes que luego dicen que el piso que les han concedido no les gusta, o que realquilan el que les dieron cuando se compran uno (la economía sumergida, vaya). En la farmacia me cuentan que hay quien entra a hacer fotos de los productos, luego negocia con “sus” clientes (vale 25, te lo dejo en 12) y finalmente entra a robar “a demanda”, con impunidad y parsimonia. Ustedes tienen que leer el libro Por qué fracasan los países, de D. Acemoglu y J. A. Robinson. Fracasan las economías “extractivas”: es decir, las  que consisten en ordeñar a muchos en beneficio de pocos, sin ofrecer oportunidad, seguridad y garantía legal a los emprendedores, gastando los recursos sin reinvertir para crear estructuras equitativas de riqueza. Hay muchas castas extractivas. Están las oligarquías nacionales y multinacionales. Está la gente que se mete en la cosa pública a ver qué pilla. Está la clientela de esa gente, a la que no le importa qué siglas sean: “yo te voto, tú me premias”. Platón consideraba que al político no hay que pagarle: el ejercicio del poder es su aspiración y su recompensa. Compadezco a mi platónico amigo que se metió en política, pero él tampoco es el único: la respetabilidad no es patrimonio de ningún partido. Y no conviene propagar el pánico, que es revolver el río para ganancia de pescadores. No hay demonios, sino caraduras y delincuentes. Los caraduras podrán ser simpáticos y de los nuestros, o dar pena, pero no hay abuso que sea recto uso. Seguimos siendo un Estado de derecho y existe un bien común, aunque sea tan difícil encontrar el equilibrio para acertar cuál sea.

Diario de Cádiz, lunes  29 de mayo de 2017, p. 13.