Vientres sentados (2005/05/10)

VIENTRES SENTADOS

Lo primero que llama la atención en las Canarias es que los negocios más atractivos sean empresas de extranjeros: hoteles con encanto, restaurantes chic, tiendas de recuerdos memorables (en vez de souvenirs espantosos), y muy particularmente todo tipo de actividad al aire libre. No sólo se trata de que las agencias de excursiones sean de alemanes u holandeses, sino que a menudo ni siquiera cuentan con personal que hable en castellanoespañol como para explicar en nuestra lengua la fauna y flora de los sitios. Sencillamente porque el español, más allá de su insobornable pluralidad geocultural, cuando viaja es fiel a una misma esencia y una de tres: o permanece tumbado, o ingiriendo substancias o, llegada la oscuridad, noctambuleando con premeditación autonómica y alevosía nacional (o viceversa). Pero en ningún caso entra en sus cálculos efectuar el más mínimo esfuerzo (menos aún, gasto) para disfrutar de la naturaleza. De hecho, somos la nación donde la gente conoce menos nombres de plantas; aquí cualquier flor se llama FLOR.

Pienso en Cádiz, provincia y capital. Recuerdo un Corpus en la sierra, y una venta familiar donde nos hicieron esperar hora y media a palo seco: el único mozo visible se consagraba en cuerpo y alma a una sola mesa antes de tomar siquiera nota a las demás o distraernos con una cesta de picos. Cuando quisimos montar a caballo, la cuadra era de unos franceses. Y a ver de quién son los más paradisíacos chiringuitos del litoral. ¿Cuándo aprenderemos aquí lo que es turismo rural de calidad, y cuándo aprenderemos a pasear –almorzando, claro- por Benamahoma, la Punta del Boquerón o el Río San Pedro sin dejar atrás un estercolero? Pienso ahora en ese crucerito que acaban de botar con el nombre de “La belle de Cadix”. Han tenido que venir unos belgas para descubrir que a la gente se le puede vender un tour por el Guadalquivir, que incluye el Coto de Doñana y una zona donde se ven miles de flamencos (volaores). Y pienso también en que, aparte de los cursos que da la Cámara de Comercio para jóvenes emprendedores, aquí sólo prospera la Escuela de Hostelería. Es lástima que el español sea con preferencia o preponderancia un vientre sentado y depositor. O que, como mucho, tenga alma de, o aspiraciones a, camarero. Si de mí dependiera, me llevaba a los jóvenes a ver mundo: a copiar ideas, a saber apreciar lo que tenemos, a no temerle al trabajo.

¿Cambiarán nuestras costumbres? Es difícil, si partimos de una infancia de gameboy y bollycao, que luego promociona a playstation y botellón.

Diario de Cádiz, martes 10 de mayo de 2005, pág. 14