Vacaciones en el mar (2007/06/05)

VACACIONES EN EL MAR

La vida es una tómbola y un día puedes ganar un viaje en un crucero con nombre de acuático lirismo: Princesa del Mar, Sirena Cefalópoda… Te tocó porque llevas mil años comprando subproductos del Catálogo Ariadna. No cayó el gordo de mil millones que dicen sortear, pero sí un pasaje para una persona. Tal vez esperasen que pagaras el de un acompañante (ahí está el negocio). No imaginaban que te atreverías a compartir soledad con cinco mil personas más o menos humanas. Te citan en el puerto, donde unas azafatas profesionalmente joviales instruyen a un grupo más cercano a la sexta que a la tercera edad. A todos os imponen un collar de identificación del que bajo ningún concepto debéis desprenderos. Al embarcar, shock total: el vestíbulo del barco, con ascensores transparentes incluidos, está decorado con ESTÉTICA TRAGAPERRAS, con grandes columnas corintias de estuco dorado y óleos de floripondios y pastoras columpiándose al viento que dan no sé si rubor o psoriasis. Dejas la maleta en el camarote, te das una ducha metiendo tripa para caber en el cubículo y decides salir a tomar el aire. Imaginabas solitarias cubiertas de madera donde enfrascarte en la lectura sobre hamaca de lona. No. La piscina y su docena de yacusis adosados están a tope, y a tope todos los compartimentos donde desde la escalera divisas, dispuestos en espiguillas de a ocho, miles de culos al sol en un efecto “barbacoa de salchichas”. No hay más sitio libre que el solarium, donde se hacinan las tumbonas. Cuando sacas el libro un par de damas del Club Ariadna se apiadan de tu desamparo y te abruman con su cháchara vacua. Si quieres leer tendrás que esconderte en el camarote. Tu turno de comida es el cuarto, cubierta cinco, comedor Giotto. Tras una cola infinita llegas al mostrador del bufé. La decisión de Sophie: macarrones, macarrones o macarrones. Por la noche conoces al rey de la discoteca: el capitán Salvatore (a propósito, ¿quién pilotará el barco, si aquí parece estar toda la tripulación babeando alrededor de un bombón que baila la cumbia enseñando el coño?). Al llegar a Civitavecchia, excursión opcional a Tarquinia. Con el jaleo de autobuses no da tiempo más que para ver los frescos de la necrópolis etrusca (mierda de tumbas, oyes decir). Roma es una carrera contra reloj bajo la lluvia. La guía resume las maravillas de San Pedro mientras alguno, comiendo pipas, mira aburrido el baldaquino de Bernini. Ya a bordo una mujer exulta: anduvo una hora seguida en la cinta del gimnasio. Con deprimida mansedumbre decides alicatarte con el resto. Ciertamente, la serie “Vacaciones en el mar” era un gran timo romántico.

Diario de Cádiz, martes 5 de junio de 2007, pág. 19