Udine también existe (2006/11/21)

UDINE TAMBIÉN EXISTE

Un viaje a Italia puede llevarnos a Udine, capital de la región de Friul-Venecia Julia, situada entre Venecia y Trieste pero hacia el interior, y del tamaño de Cádiz. Más allá de la edad de hierro, su historia documentada comienza en el siglo X, cuando Otón II la cedió al patriarcado de Aquileia (donde murió y fue enterrado el apóstol San Marcos, antes de que se lo apropiasen los venecianos), cuyo obispo se instaló allí desde 1222 hasta 1420, año en que la comarca pasó a las largas manos de la Serenísima. En 1797 cayó en poder de Napoleón, que la transfirió a Austria, y en 1866 se anexionó al reino de Italia, hoy república. De su larga historia conserva Udine, entre otras muchas cosas, restos de su hermosa muralla medieval, un Duomo con campanario octogonal adosado a una catedral románico-lombarda con estallido interior barroco; una maravillosa loggia gótico-veneciana (1448-1456) diseñada por Lionello y, frente a ella, el pórtico de San Giovanni, del más puro clasicismo renacentista; un castillo que no es el original sino un palacio del XVI rematado por una veleta de ángel; y pinturas del Tiépolo. Udine es la madre de un dialecto retorrománico, el friulano, que viene a ser pieza intermedia de un puzzle que iba del italiano al rumano pasando por el friulano y el dálmata, lengua ésta cuyo último hablante (Antonio Udina) murió en 1898. Pero el friulano vive. Puede que les sorprenda saber que en la universidad de Udine hay gente que se dedica a la literatura española, como Renata Londero o el profesor Giancarlo Ricci, que fue uno de los pioneros en estudiar a Cunqueiro y en traducir al friulano las “Coplas por la muerte de su padre” de Manrique o algunas canciones de Lorca. Para que se hagan una idea de cómo suena el friulano, he aquí un fragmento de Yerma: “¿De dónde vienes, amor, mi niño? / De la cresta del duro frío. / ¿Qué necesitas, amor, mi niño? / La tibia tela de tu vestido”. Que traducido resulta: “Dontri vegnistu, amôr, gno frutìn? / Des crestis de glace dure. / Ce ti convential, amôr, gno frutìn? / La tele chalde dal to vistît”. El mundo es un pañuelo. En Udine reside el traductor malagueño Luis Luque, a quien debo la valiosa información de que lo correcto es decir “en pelota” (del catalán “pellota”, piel desnuda), y no “en pelotas” (plural masculino y vulgar). Y en Udine hay una profesora jerezana, Sagrario del Río, que se trajo a Ricci a los Carnavales de Cádiz y lo convirtió en admirador del romancero dentista, Salvador Fernández Miró. Esto, la cálida hospitalidad, la buena mesa y un Hércules en la plaza de la Libertad, son razones suficientes para postular el hermanamiento Cádiz-Udine.

Diario de Cádiz, martes 21 de noviembre de 2006, pág. 18