Trabajo de chinos (Viaje a China, III) (2006/09/05)

                   TRABAJO DE CHINOS

En China la vida no es fácil. Más allá de lo invisible para el turista hay una pobreza visible en una sociedad difícilmente dual: campo comunista, ciudad capitalista. El salario medio anual en el sur (centro económico) es de 500 euros. El 80% de la población carece de seguridad social. La política de natalidad se mantiene (un hijo por pareja), pero si antes se permitía al campesinado tener dos (el tercero es multa, orfanato o sin papeles –el infanticidio es tabú oficial–), ya no: el campo se mecaniza. Los nuevos agraciados con el combo reproductor son los cónyuges urbanos que sean hijos únicos. Pero la juventud universitaria no está por la labor: cunde el hedonismo, todo es caro (sobre todo la educación superior) y el trabajo está cada vez más reñido: antes era el Estado el que asignaba destino a los licenciados; ahora hay guías que se ofrecen a las agencias gratis, a cambio de comisión en los comercios. China tiene 1400 millones de habitantes y sus recursos pueden mantener a un máximo de 1600, cifra que se alcanzará, con control y todo, dentro de 20 años, dice la guía de Pekín. El español de la agencia, un escéptico de la generación del 68, cuenta (ante una guía con aspecto de atenta camarada) que sobre Tiananmen los chinos no contestan porque no saben. En privado estima que más nos vale que tengan un control férreo: si no, sería el desmadre. Con todo, China no es un país deprimente como lo son tantos donde a la miseria se une la desesperanza, la falta de futuro. No. China es una potencia en vertiginosa expansión (pregunten al sector de la piel en la sierra de Cádiz) y una asombrosa capacidad de trabajo. Desde el puente de Nanking se ven las chimeneas de cinco centrales térmicas (junto con USA, es uno de los mayores contaminadores del mundo) y en sus astilleros hay once barcos grandes en construcción. Es constante el tráfico de gabarras de arena, ya sea para alzar rascacielos futuristas o barriadas de reubicación de población rural. Con sus andamios de bambú pueden estar en obras sin fragor ni caos. (El tráfico sí es caótico: mientras nuestro autobús hace adelantamientos suicidas, en el otro sentido una pareja mixta de polis se hace fotos románticas en el quitamiedos). Antes de terminar los edificios la zona está urbanizada y con cuidada jardinería. Pocos países más fascinantes que esta China mutante que proyecta sobre la pantalla gigante de las olimpiadas el ejército de terracota de Xian, que diseña su skyline según la geomancia del Feng Shui, y que, sin parar de trabajar, encara el futuro con un arsenal de amuletos de la buena suerte: el colgante de jade, la nuez tallada, el nudo de seda, las doradas letras para desear feliz año nuevo…

Diario de Cádiz, martes 5 de septiembre de 2006, pág. 16