Sueño de una noche de verano (2007/08/28)

SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

             Estaba en La Caleta mirando ponerse el sol cuando me deslumbró el rayo verde. Al recobrar la visual columbré junto a la orilla a un tipo alto, atlético, rubio platino, enfundado en un mono plateado. Lo primero que pensé: “La poli de playa estrena uniforme y persigue el botellón disfrazada de atún”. El sujeto se metió en el Castillo de Santa Catalina. Le seguí hasta el Valle de los Caídos de Costus. De espaldas podía pasar por un nostálgico de la movida, un McNamara en viril. Pero de frente tenía una cara poco definida y de golpe me acordé del Voldemort de Harry Potter. Entonces yo, persona sencilla que encontró verosímil el Caballo de Troya de J. J. Benítez, empecé a sospechar si no sería un extraterrestre que estuviera, pongo por caso, documentando las pulsiones católico-blasfemas de la pluralidad que llamamos España. Salimos y la siguiente parada fue en el Mercadillo Andalusí del Pópulo. El presunto Alien se quedó mirando a un gordo vestido con chilaba y fez que hacía en directo tortillas de camarones. Yo no sabía que las habían inventado los moros. Eso me llevó a considerar si no andaría yo tras un batasuno –que es lo mismo que un etarra, como ha descubierto Rubalcaba, perspicaz y ministro- de los que atacan nuestras señas de identidad. Sorteando mirones, colgantes de fimo y pulseras de cuero (soporífera artesanía) seguimos hasta el Costasol. Temí entonces por la receta ultrasecreta de los fideos con caballa que hace el Bello Pepe, no fuera a ser el otro un espía gastronómico a sueldo de esos que desintegran la fideuá. De nuevo en marcha, no paramos hasta un bar llamado Trendy, donde estuvo la discoteca Metropol. Pero aquello ya no era un túnel negro sino un local muy fashion donde nada más entrar te hacían una foto para la posteridad. Silverman debía ser un Triunfito en gira promocional, seguro, porque allí estaba también el hermano de Canales Rivera, de relaciones públicas. Todo era de plata y oro y lleno de chicas rubias, tal un anuncio de Freixenet. Pegado a mi Bustamante me eché al coleto unos vinos de Autor que, decantados por un sumiller, resultaron ser de cuerpo fuerte y alma de roble ya riojano, ya alicantino. Creo que debí abusar. Cuando volví a centrarme en el mundanal ruido yacía en mi cama. Cogí el móvil para ver las fotos que le hice al sospechoso: ninguna. Busqué una muestra de pelo que guardé para lo del ADN: nada. Nunca he sido aprensivo, pero me pregunto por qué yo, modesto mileurista de los que ni refleja el espejo, he sido visto en Hola (alucina, vecina) junto a Estefanía de Mónaco y un cachas plateado, o sea, argentino. Me voy a tener que psicoanalizar.

Diario de Cádiz, martes 28 de agosto de 2007, pág. 13