Sobre los ángeles (2007/05/29)

SOBRE LOS ÁNGELES

Viene la primavera y hay que ponerse a salvo del amor. Me cuenta mi hija que las hormonas adolescentes viajan ya formateadas. De hecho, en su piso celebran las universitarias el concurso PRIMA TEEN(ager) DE LA SEMANA. Todas tienen una prima púber que las adora, chatea con mensajes temblorosos (cada tres sílabas una se transforma en un irritante icono móvil), y adjunta a sus textos su foto semanal: Pili enroscada en el brazo del sillón, levemente maquillada, mirando de soslayo a la tele como si quisiera devorarla (Pili Fatal); agachada en difícil equilibrio para mostrar a la vez pecho y cintura en el balcón de su casa (Pili Cubista); lánguida sobre su colcha rosa abrazada a un osito rosa enseñando un pie rosa (Pink Pilolita). El denominador común es la mirada rarificada de seductriz al bies y el escorzo espiral, insostenible más allá de diez segundos. Por otra parte, los niños de sexto de primaria del cole de mi hijo saben de un compañero que ha tenido NOVIA. Un curioso le preguntó al interfecto qué hizo. Respuesta: compró un anillo en el Papa Cien. Se ignora qué siguió después: si se lo dio a la niña o se lo señaló con un encogimiento de hombros o un gruñido. Ella de un modo u otro se lo puso: ipso facto eran novios. Al cabo de un mes dejaron de serlo: era muy aburrido. Mi hijo y su pandilla han decidido no tener novia (de momento) jamás. Pero ha de llegar un día becqueriano en que yo he de prestar, tanto a mi varón indomado como a mi sobrina fatal, un poema de Jesús Fernández Palacios: “He conocido un ángel / de médula perfecta, / como una curva pura / que bajara del cielo, / le he visto la corona / tejida entre su pelo, / he conocido a un ángel / que sueña en línea recta. / He conocido a un ángel / cuyo vuelo no alcanzo / por mucho que me duelan / los ojos de mirarle, / un ángel que  se pierde / por su propia tristeza / sin que logre arrancarle / de ese antiguo silencio / en que viven los ángeles”. Y llegará otro día, en que, curados de espanto, nos riamos de la ficción de amor con María Rosal: “Mi historia con Tarzán fue diferente: / vértigo siento apenas recordarlo. / A mí, la selva me iba más bien poco, / pero sus pectorales… / Aguanté como pude. / En la estación de lluvias / mis huesos y mi amor no soportaron / humedad y mudanza. / Lo planté / y le dejé sembrado mi grito de placer / en la floresta. / Era un hombre de gustos primitivos. / Pero ésta es una historia –lector- con moraleja: / pues que la vida es breve, / ¿por qué hacerla compleja? / Harta ya de locuras y manías / busco un hombre normal, sin tonterías”. (Sea como fuere, ojo a la primavera, ángel de amor, que es peligrosa su orilla).

Diario de Cádiz, martes 29 de mayo de 2007, pág. 49