Satán al aparato (2009/04/13)

SATÁN AL APARATO

            El análisis del ser humano en grupo da para mucho. A menudo la premisa de una reunión es el bien común: aunque los reunidos representan intereses particulares, la cuestión es intuir quién tiene el designio de avenirse y quién el de prevalecer, y el problema es que surja un francotirador (otros lo llamarían idealista) que invalide los cálculos. Estas son reuniones profesionales. En las reuniones amateurs (como las plataformas domésticas) puede suceder que cualquier observación que tenga en cuenta los hechos del mundo real se interprete como comportamiento aburguesado o fascista (otros lo llamarían profesional). Está mal criticar el idealismo naïf: enseguida salen los criticados con lo que F. Calvo Serraller denomina “ese eco rancio del cristianismo secularizado que es el victimismo, clave de bóveda del nuevo catecismo social de lo políticamente correcto”. Luego está el repertorio de maneras de perder o ganar tiempo. Así, si los reunidos se disponen a abordar el punto 1 del orden del día, Púrez se embarca en un discurso interminable de petición de principios. O a Sadomasóquez le da por volver la mirada tres reuniones atrás: se siente obligado a pedir o dar explicaciones que ya no han lugar (más que en su tenebrosa conciencia). Egoïst sólo va a las convocatorias donde puede rascar algo. DuraLex nunca explica nada: siempre reenvía al capítulo 2, párrafo 7, de algún documento (delirio disfunciolegal). Toda reunión larga, sobre todo si es improductiva, se diluye de una de estas dos maneras: Picardíez introduce en el debate un reguero de dobles sentidos sexuales que disuelve la conversación en intercambio de fluidos verbales. O bien Tocapelótix, paranoico experto en ver detrás de todo alusiones personales malévolas o conspiraciones mundiales, propicia un momento “Oligocovery Channel”: ese en que el diálogo de sordos termina siendo un perfecto absurdo, como el soneto de Carlos Edmundo de Ory: “¿Quién está al otro lado que no entiendo/ su voz tan sorda tan oscura tan/ cavernosa que más mi oído tiendo/ menos entiendo? ¡Diga! –Soy Satán./ (…) –Soy Sa… ¿SA QUÉ? … tan, tan. ¿TAN QUÉ? ¡No atajo!/ -Digo que soy Satán. ¡Su voz se aleja!/ Repita, se lo ruego. ¿Quién es? –MERDE”.

Diario de Cádiz, lunes 13 de abril de 2009, p. 9.

http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/397678/satan/aparato.html