Sacramento 24: el aura del mar (2004/09/21)

                                  SACRAMENTO 24: EL AURA DEL MAR          

En lo alto de la Torre Tavira hay un plato donde se refleja todo Cádiz, en un recorrido que empieza y termina en la calle Sacramento. Hay que subir unos cuantos cientos de escalones, pero es bonito llegar arriba para ver el despliegue urbano, que, desde la grieta larga y oscura de la calle, es como un parto de azoteas con palomas, torres de iglesia y torres miradores, árboles que salen disparados de algún patio estrecho, olas que reverberan al sol, y nubes y barcos y pequeñas gentes que, como las estrellas, sin prisa pero sin pausa vienen y van.

Desde lo alto de la torre Tavira consignaba el vigía de la ciudad en sus diarios las incidencias de la mar, una costumbre que no debería haberse perdido porque se siguen viendo cosas sorprendentes. El pasado día 8, sin ir más lejos, se pudo percibir, ya bien entrada la noche, un resplandor extraño que salía del inmueble sito en Sacramento 24. Al principio era como una estela de espuma o una vereda de delfín, y luego iba intensificándose hasta resultar una luminosidad envolvente, entre turquesa, lechosa y añil, muy intensa de color y al mismo tiempo delicada o suave, como una aurora boreal que fuese submarina. El resplandor estaba vivo: quiero decir que no era fijo o estático sino que latía, y unas veces se espesaba en zafiro y otras se adelgazaba en un verdor dorado con sospechas de aletas, olas, algas, proas y sombras fusiformes que iban y venían.

Hechas las oportunas averiguaciones, Diario de Cádiz (“más tuyo, imposible”) ha podido establecer que el susodicho inmueble es una galería de arte, de nombre islahAbitada, donde justo desde el 8 de septiembre hay una exposición, titulada “Marazul”, de cuadros que, en resumen, o son pocos y grandes o son muchos y muy chicos. Pero por qué fosforecen, o si en verdad fosforecen, es algo que no se ha podido averiguar, porque están hechos de pintura y papel de seda normales y corrientes. La autora, Candi Garbarino, gaditana y pintora reincidente, se limita a afirmar que ha querido dar una idea sobre el agua como origen de la vida centrándose en el mar.

El colectivo de reikianos de Cádiz empieza a sospechar que en realidad lo que Candi Garbarino ha captado es el aura entera y verdadera de la Atlántida, que, como ya sospechaba Caballero Bonald en su novela Ágata, ojo de gato, podría haber estado debajo de lo que hoy es el coto de Doñana, según parecen mostrar unas fotos de los fondos geológicos de la zona vistos desde el espacio.

En fin, desde lo alto de la torre Tavira, en la cámara oscura, se ven cosas extrañas. Les mantendremos informados, desde aquí, de todo lo visible e invisible, y les animamos a vigilar, como delfines líricos, la calle Sacramento.

Diario de Cádiz, martes 21 de septiembre 2004.