Quod nihil scitur (2006/02/21)

QUOD NIHIL SCITUR

Tiene Felipe Benítez Reyes un poema, “Catálogo de libros raros, agotados y curiosos”, que empieza así: “¿Quiénes son estos tipos de apellidos sonoros?/ ¿De qué tratan sus libros, y quién se fija en ellos?/ Eruditos locales o duques ilustrados,/ ¿para qué tanto afán?”. Acabo de recibir el último catálogo de la Librería Anticuaria Sanz, de Madrid. La entrada 90 ofrece una Gramática abreviada de la Lengua Azul (1900) que su autor, León Bollack, estima una “lengua internacional práctica” (yo sólo la aprendería si de verdad fuera azul). Otón Corvin entretuvo sus ocios escribiendo un Reinado de las sotanas, métodos de terror, vicios, orgías y monstruosidades del clero romano (1937): uno se lo imagina como un pacífico señor que en la soledad de su despacho da pábulo a sus libidinosas fantasías. Singular debe ser el volumen de Fábulas futrosóficas o la filosofía de Venus en sus fábulas (Londres, 1821), con láminas de tema erótico “en papel verjurado verde” (124 ejemplares numerados, a 200 euros uno). No estaría mal conocer La Historia Universal Pintoresca antigua y moderna, desde la creación del mundo hasta 1845 (total, de ahí en adelante ya se pone uno mismo al día en un pispás). F. Robles Degano diserta sobre Los disparates gramaticales de la Real Academia Española, ignorante en 1912 de que llegaría el día en que un castellanoparlante fuese a A Coruña, viviese en Lleida o mandase un paquete a Araba. Manuel Sánchez Camargo cuenta en el prólogo de su tratado La muerte y la pintura española (1954) que las primeras disecciones de cadáveres se practicaron en España, en la Escuela de Medicina del Monasterio de Guadalupe, fundada en 1322.

“Si se piensa, cuántas horas/ de entregada labor, y cuánta altiva/ conciencia de escribir para un futuro/ que fue una nube turbia”…, dice Benítez Reyes. Ahora bien, no estaría yo ya tan segura de que “Cualquier vida es mal cambio, verdaderamente,/ por unas pobres páginas”. Quizá lo más inofensivo, divertido, inteligente o hermoso que pudieron hacer esos peregrinos ingenios fue escribir estas deletéreas páginas. De hecho, en ellas se aprende mucho vocabulario: desde la “futrosofía”, que viene del latín “futuere” y equivale al “conocimiento o filosofía del joder”, hasta “vitolfílico”: lo relativo al coleccionismo de las vitolas de cigarros puros (que no tuvo secretos para un tal Emilio Menéndez). Desde el catálogo de Sanz, Neruda sigue cantando Todo el amor mientras se sonríe el filósofo escéptico Francisco Sánchez al constatar cuán cierto sigue siendo, en español y en latín, que nada se sabe (Quod nihil scitur, 1581).    

                                        Diario de Cádiz, martes 21 de febrero de 2006, pag. 12