Quo vadis (2005/08/23)

QUO VADIS

Estaba el otro día leyendo el Diario de Gades (Edición del Hades), cuando me dije: Ea, Lucio Cornelio Balbo el Joven, subamos a ver qué se cuece ahora en la urbe, para comprobar si tenemos posibilidad de ser declarados algún día Patrimonio de la Humanidad. Y contemplando el recinto desde la Torre de Poniente de la Catedral, tuve una visión, y fue que sí lo conseguiremos, pero hay que espabilar.

En lo que a cuestiones de orden público se refiere, hay que dejarse de mandangas y acabar con la movida sin sucedáneos, que tampoco hay que malgastar el erario público en movidas alternativas. Como decía mi padre, el que se aburre se hace justicia. Los parques y plazas ajardinadas se vallan y de noche se cierran, como de siempre se ha hecho con el Parque Genovés, y así se acaba, verbigracia, con la sistemática decapitación de los angelitos de la Alameda. En lo que a higiene se refiere, es preciso educar a la población. Las multas molestan y por ello disuaden. Entre la higiene y la estética, se impone, en las zonas de mayor belleza, instalar los contenedores de basura semisubterráneos. Con pragmatismo romano, sólo patrocinaría iniciativas útiles: cómo recoger el pis del perro, qué tipo de prestación ciudadana demandar a quienes reciben ayudas institucionales, etc. Enlazando con esto, encuentro que, siendo Cádiz un enclave de origen comercial, queda aquí poco espíritu fenicio y prolifera la perversa mentalidad del subsidio, propia de enclaves subdesarrollados. Si Cádiz fue rica se debió al comercio burgués, y si vuelve a serlo será por lo mismo. Vengo con esto a pensar que quizá un hotel de lujo en el edificio Valcárcel sea una inversión dudosa y dañina para el Parador que ya hay, mientras que los apartamentos tutelados para la tercera edad son un negocio de futuro (uno tiene derecho a ahorrar para garantizarse una vejez idílica, y no un sórdido asilo a pie de autovía con vistas a un polígono industrial). En aspectos de patrimonio monumental, no entiendo por qué no hay quien visite el convento de Santa María, ni para qué han rehabilitado la Posada del Mesón si luego dan mano libre para horterizar escalofriantemente el patio. En asuntos estéticos, la estatuaria urbana es deficiente: Columela y yo mismo parecemos dos moñas de escayola, y frente a las puertas de tierra hay un colgajo de cacharros que supongo provisional. En fin, no es poco lo ya hecho pero aún queda por hacer, y es el colectivo ciudadano el que debe poner los pies en la tierra y las manos a la obra, no vaya a ser que digan de nosotros que se está mejor en el Hades que en el Gades. Ave, Fénix, pues.

Diario de Cádiz, martes 23 de agosto de 2005, pág. 14