Qué vello es bibir (y bicebersa) (2006/07/18)

QUÉ VELLO ES BIBIR (y bicebersa)

            Los Reyes Magos existen y vienen de verdad hasta en verano: a mi comunidad le han dejado en el portal una cama entera de matrimonio. Es tan bonita que nadie se atreve a llevársela. Bueno, miento: al cabo de tres semanas ha desaparecido el colchón. Los vecinos son también generosos: hay una esquina donde dejan triciclos, teles y consolas viejas, galanes, mesitas de noche y arañas cromadas. Aquí, si quieres algo, tienes que espabilar, porque si no lo recoge enseguida el camión del Ayuntamiento. (Es un camión raro: sólo aparece cuando no se le llama.) El colmo del espíritu evangélico lo tiene el Champion, que con sus sobras da de comer al hambriento. Los hambrientos suelen dejar por medio sus excedentes. El viento, como en el poema de Garcilaso, los mueve, esparce y desordena, y van a parar mayormente a mi garaje, que es también el de un hotel de cuatro estrellas: todos esos plásticos y cartones en la rampa le dan al recinto un aire exótico, asiático perhaps, que hace fino. Este talante de compartir lo tienen hasta los contenedores de basura selectiva, que rebosan.

La dadivosidad es aquí endémica. Las tardes de domingo, con la marea alta, la gente hace sus ofrendas al mar: salvaeslips, rajas de sandía, bolsas de patatas y danones vacíos. Luego compartimos los dones de la vida, y uno te roza con su torso peludo y encremado, otra te envuelve en el rastro jabonoso de su cabellera de sirena de Johnson´s, y vienen a agasajarte hasta los muertos de funeral marino, que devuelven los ramos con celofán y hasta la tapa de sus urnas de corcho pintado efecto mármol.

A principios de verano me regalaron “La Fortaleza Digital”, de Dan Brown. Va de espías y contraespionaje por internet, y de códigos secretos. Yo me he dado cuenta de que mis vecinos también me obsequian con misteriosos mensajes encriptados. Me los encuentro sobre todo en el ascensor. Dicen cosas como: EL DEL CUARTO ES UN HIJO DE P.;  ME  CAGO EN LOLI; A VER SI FUMIGÁIS LAS CUCARACHAS, MARRANOS. Yo he puesto una carta en el ascensor donde explico: aquí no se fumiga no vaya a ser que una de las cucarachas sea una persona de las de Franz Kafka. Explico con cautela pedagógica: Franz Kafka es el de una novela, “La metamorfosis”, donde un tipo, Gregorio Samsa, se convertía en cucachara.

La realidad es opaca. Pero yo miro lo que me rodea y concluyo que es vello bibir, como me escribe mi niño desde el campamento de verano. La ortografía es lo de menos.

Diario de Cádiz, martes 18 de julio de 2006, pág. 19