Psicosis (2006/06/20)

PSICOSIS

Me persiguen. Pero no, como al poeta García Montero, “los teléfonos rotos de Granada”. A mí me persigue el Club del Coleccionista, que no sé por qué ha dado en pensar que no puedo vivir sin el triple anillo-semáforo de rubíes, zafiros y esmeraldas; o sin el collar-medallón de Isabel II de Inglaterra (a quien jamás manifesté vasallaje o adhesión). Además, nunca compraría joyas a ciegas, porque ya una vez me pasó en el Corte Inglés que al ir a cambiar una sortija por otra de aro mayor, resultó que compré en directo una esmeralda transparente y recibí a cambio una bien turbia, casi lechosa diría yo. Me persiguen todas las compañías de telefonía que operan en España, interesándose por mi grado de satisfacción las que tengo contratadas y ofreciéndome ventajosos servicios las que no. Bueno, han dejado de perseguirme: me llamaban en plena siesta, cuando no soy persona, y el bufido que le pegué a la última operadora (aunque sé que ella era inocente) fue caníbal. También me perseguía una compañía de telefonistas sudacas que me informaba de que había sido agraciada con un reloj suizo o una colección de novelas históricas,y sólo tenía que pagar el coste del envío: mi conversación definitiva con ellos fue una amenaza de denuncia por fraude. La delicada señorita que me ofrecía una batería de cocina digna de Arguiñano sabe ya que odio guisar y me apaño con cualquier cazo. Los amables miembros de no sé qué secta se olvidaron de mi alma, una vez comprobado su impenetrable blindaje en mis momentos “Catholic Channel”. La pedigüeña que me hacía escenas de crisis de nervios me abandonó cuando le hice considerar que no debía preocuparse ni preocuparme, porque en realidad estaba embarazada de un almohadón. (Detesto la picaresca). De la tele y su basura no hablo: no se menciona (no existe) lo que se desprecia. Me persigue la publicidad en el buzón. Desconocen supermercados y grandes superficies que soy, por autodesignación ecológica, la recicladora oficial de mi bloque: como tengo perro, salgo al menos tres veces al día, luego tengo tres oportunidades de reciclar ipso facto toda propaganda. También me persiguen con ofertas por internet, como si no existieran los filtros de SPAM o el comando BORRAR, mi preferido. En fin, soy el objeto de deseo de una conspiración capitalista, pero voy descubriendo mil formas de autodefensa y tengo en mientes un manual que se titula: NO, NO, NO, NO PASARÁN. Redundante, como mis perseguidores. También tengo diseñada una superinvasiva campaña de publicidad, porque ellos, los amenazados, van a ser mis más dilectos clientes, cómo no.

Diario de Cádiz, martes 20 de junio de 2006, pág. 18