Primavera del pavo (Sainete sentimental) (2007/03/13)

PRIMAVERA DEL PAVO (Sainete sentimental)

Nos advertía la seño que en la primavera de los once o doce años todo sexto de primaria entraría en ebullición hormonal, desde las criaturas más desarrolladas hasta los ratones más minúsculos. Estas edades, aparte de irritantes, tienen su espantoso encanto. Es el tiempo en que los chavales pasan de ser criaturas hidrofóbicas, que jamás se duchan si no es bajo coacción y amenaza, a ser poco menos que anfibios. Unos amigos descubrieron que su retoño estaba enamorado porque de la noche a la mañana consumía litros de colutorio (Listerine Plus: ahí es nada). Hay muchos síntomas concomitantes: los niños empiezan a querer peinarse al más puro estilo Matador de Barriada, con dos variantes básicas: pelopincho engominado modelo Naruto (junior), o modelo Andy & Lucas (mezcla de bola de billar, cresta y rebabilla de pelichi en la nuca sobre lecho de granos -bouquet senior-). También escrutan desesperadamente señas de vello corporal hombruno, soportan a su familia Monster aislados tras sus auriculares, son el Señor de la Puerta (Cerrada), y miran sólo al bies. Las pubertosas incipientes se convierten en criaturas flotantes como el Gato de Cheshire de la Wonderful Alicia: una gran gran sonrisa de ojos soñadores, y una gran gran languidez que invita a sujetarlas con una guita, no se vayan a volar. Juntas, se ríen por todo. Si se acerca un escuadrón de Narutos o Andy&Lucas (ellos y ellas evolucionan como bancos de peces: pegados y a la vez), se ríen más todavía. La actividad lúdica consiste en comer pipas en un banco de parque o de pie en una esquina ventosa hasta que se acabe el día. En casa, aparte de monopolizar el teléfono o chatear forever, se atrincheran en el cuarto de baño. La Gillette va convirtiendo sus pantorrillas en alambre o morcón de púas, que luego se destiñen con agua oxigenada o sirven para pedir por el cumple la solución láser. Y con las pinzas de depilar de pronto nos descubrimos progenitores culpables de una belleza cubista: con las cejas de distinto tamaño, grosor y altura. De esta guisa lo mejor es ir al Corte Inglés a que les maquille la esteticién de guardia o a probar perfumes embriagadores, mejor si huelen a dulce de barraca. Pero el tiempo pasa tan rápido que ha de llegar un día en que te sonrías recordando los años en que fuiste madre o padre del Galán del Listerine o de la Venus de los Braques, y aún los ves saliendo triunfales del baño con su pantalón deshilachado bajo el culo o los escalofriantes leggins y la falda-braga. Y aquel olor a toro tóxico o a pera conferencia gritando “cómeme”. Entonces te daban tu ración de beso semanal y te pedían (a ver por qué, si no) dinero. SU DINERO. Qué cosas…

Diario de Cádiz, martes 13 de marzo de 2007, pág. 14