Patos, Berlín, la guerra (2004/11/16) (In memoriam Fernando Quiñones)

PATOS, BERLÍN, LA GUERRA   

   In memoriam Fernando Quiñones

El 17 de noviembre se cumplen seis años de la muerte de Fernando Quiñones, el poeta, el narrador, el ensayista, el eventual dramaturgo, el gestor y activista cultural y, también, el escritor de prensa. Para los literatos el periodismo no suele ser vocación sino subsistencia. Pero el arte a menudo estriba en hacer de la necesidad virtud, y muchas fueron las virtudes de Fernando que hallaron acomodo en el formato periodístico. Para muestra, un botón, que tomo del trabajo “F. Quiñones en el Diario de Cádiz (1951-1998)”, de Cecilia Martínez Bienvenido.

Hace cuarenta y cuatro años publicó este diario tres artículos bajo el título de “Alemania 1960”, que hoy, con una Alemania reunificada pero económicamente dividida, cobran nueva actualidad. “El Berlín que vi” (18/9) daba testimonio de la dramática división de la urbe un año antes de que se alzase el muro; “El romántico en su ciudad” (21/9) era evocación melómana de Schumann en Colonia; y “Breve visión de Hamburgo” (24/9), admirado reconocimiento del laborioso espíritu que posibilitó la reconstrucción del país tras la guerra. De los tres, mi preferido es el texto de Berlín, que terminaba así: “a la vista de la litigada Puerta de Brandenburgo, una collera de gansos salvajes voló entre las columnas del monumento ruso enclavado en el Berlín Oeste. El fugitivo paso de las aves, locas de luz de abril y en evidente seguimiento amoroso, fulguró un momento sobre la grisura de las soldadescas, los tanques y los cañones. Nadie reparó en lo único que, en aquel paisaje y momento, representaba el sentido y la armonía posibles del vivir. Los gansos se perdieron con su inútil mensaje hacia las ruinas de la Unter Den Linden”. Esta misma imagen inspiró al escritor un relato corto, “Patos, Berlín, la guerra”, incluido en La guerra, el mar y otros excesos (1966). Si la columna de prensa buscaba la imagen simbólica y poética, el relato corto profundizaba en la reflexión. El narrador cuenta la propaganda que escuchó en ambos sectores berlineses, y comenta: “Comprendí de nuevo que pertenecer a un grupo político, sobreponiendo fanáticamente sus razones a cualquier otra razón, sólo significa, antes o después en la enorme mayoría de los casos, estar amparado a su nombre por una posición o por un sueldo”.

Muchas fueron las virtudes humanas y literarias de Quiñones. Un paseo por sus artículos nos sigue mostrando sus carismas: la capacidad de observación, asombro, compasión; el don para descubrir la belleza viva del mundo; y, junto a la nobleza moral, la independencia de juicio. Los textos, todos, siguen estando ahí. Nosotros, en estos días de frío y limpio azul, echamos de menos al hombre cabal que fue Fernando.

                         Diario de Cádiz, martes 16 de noviembre de 2004