Otoño en astilleros (2004/09/28)

 

OTOÑO EN ASTILLEROS

El otoño es el tiempo de la meditación. La crisis de los astilleros estatales no ha sido fruto de una conspiración del PP (viene de antes de González) y no es un plato de gusto para el PSOE. Sencillamente, en Asia se construyen barcos más baratos, y también hay que considerar la responsabilidad que tiene IZAR en su destino.

En Alemania, por ejemplo, cuando las empresas peligran todos los empleados se aprietan el cinturón. Aquí no sucede nada parecido. Ejemplos: las horas de trabajo de los obreros especializados son tan caras que los propios empleados hacen la competencia a la empresa montando contratas que ofrecen  el mismo servicio a precios ventajosos. Unas veces se programan maniobras en domingo, sin necesidad, por cobrar horas extras; otras, los trabajadores se niegan a rebasar el cupo pactado de horas extras para terminar a tiempo un buque: la empresa, con tal de evitar la penalización por demora, se ve obligada a aumentar la plantilla no ya eventualmente (la urgencia es eventual) sino a perpetuidad. Claman los empleados de IZAR por conseguir carga de trabajo, y cuando la hay usan los barcos como rehenes en la negociación del convenio, con el miedo de la empresa al incumplimiento de plazos y con la reticencia de las navieras, que en lo sucesivo se lo piensan mucho antes de volver. De la permanente sustracción de materiales de IZAR, más vale no hablar. Con estas prácticas no sorprende que, en cambio, los astilleros privados sí puedan ser aún rentables.

Me cuentan asimismo que las empresas que giran alrededor de IZAR están aburridas de que las extorsionen con triquiñuelas para hacerlas incurrir en demoras y así poder multarlas por incumplimiento de contrato. Luego, la solidaridad del colectivo de IZAR con otros es casi inexistente: en Cádiz, el de ALTADIS es testigo.

Para rematar la faena, cada vez que IZAR negocia sus convenios utiliza como medio de presión unas manifestaciones vandálicas e intimidatorias, y no para salvar los puestos de trabajo (su negativa a la privatización es elocuente), sino para conseguir suculentas ventajas: prejubilaciones de empleados de 53 años con el 70% del salario real (no del sueldo base), cotizaciones de a 90 euros la hora de trabajo, y hasta desplazamiento en taxi.

Sí. El otoño es un tiempo como cualquier otro para la meditación. Más allá del argumento de la fuerza bruta (la ira de un obrero (del sector) es sagrada), convendría que la plantilla de IZAR empezase a considerar que las empresas estatales son algo más que una vaca de infinito ordeño. A estas alturas es discutible (¿o abusivo?)  premiar su celo profesional con desorbitadas prejubilaciones a costa de nuestra seguridad social.

 

Diario de Cádiz, martes 28 de septiembre de 2004, p. 16