Odysseas en Hesperia (2005/11/15)

 ODYSSEAS EN HESPERIA

 

De mi viaje a Grecia no les conté que tuvimos una guía extraordinaria, la misma que atendió a los reyes de España en su visita a Atenas y Olimpia. Se llamaba Artemisa y parecía una reencarnación de la diosa lunar de la naturaleza virgen y salvaje. Un día visitamos, en la Argólida, el teatro de Epidauro (s. IV a.C.). Fue erigido por Policleto el Joven en la ladera del Kinortion junto al santuario de Esculapio, el dios de la medicina, porque los médicos griegos creían en las terapias integrales, que incluían la confortación del espíritu por medio del conocimiento y el arte. Es célebre la acústica de este teatro, que los guías turísticos suelen demostrar encendiendo cerillas, batiendo palmas y arrugando papeles cuyos crujidos llegan hasta la última grada. Nuestra Artemisa hizo todas estas cosas pero también algo más. Impuso silencio a los mercaderes que invaden siempre el templo, y casi desde el centro de la orquesta (el centro exacto no se puede pisar porque es altar consagrado), leyó el poema más hermoso de Cavafis: “Cuando salgas de viaje para Ítaca,/ desea que el camino sea largo,/ colmado de aventuras, colmado de experiencias./ A los lestrigones y a los cíclopes,/ al irascible Poseidón no temas,/ pues nunca encuentros tales tendrás en tu camino,/ si tu pensamiento es elevado, si selecta/ es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo./ A los lestrigones y a los cíclopes,/ al fiero Poseidón no encontrarás,/ a no ser que los lleves ya en tu alma,/ a no ser que tu alma los ponga en pie ante ti…”. En aquel instante me sentí en lo que Borges llama un aleph: un punto que contiene todos los puntos del universo. Un auténtico don. ¿Cómo agradecer apropiadamente un don divino?

Pues resulta que me viene ahora Jesús Fernández Palacios con un precioso anticipo de un libro del premio Nobel Odysseas Elytis (1911-1996): su Autorretrato en lenguaje oral, traducido por Nina Anghelidis, a punto de aparecer en edición bilingüe patrocinada por la Diputación y la Universidad de Cádiz. Escribe el poeta griego: “Personalmente, como poeta lírico no puedo pensar sin emocionarme que el arte que yo practico nació aquí, en el ámbito del Egeo”. Yo también me emociono, y pienso que al fin he encontrado algo digno de Artemisa Skoubourdís: un hermoso libro griego editado aquí, en Cádiz, que es como decir en el jardín de las Hespérides. Una manzana editorial de oro es exvoto decoroso para una hermana de Apolo. Las manzanas de Hesperia, la tierra del poniente, el reino de los muertos, significaban la inmortalidad. Elytis viajará, ya inmortal como su compatriota Heracles, de regreso a las auroras y lunas de su tierra.

Diario de Cádiz, martes 15 de noviembre de 2005, pág. 18