Noticias de Compostela (2005/06/28)

NOTICIAS DE COMPOSTELA

Quien quiera pasar calor puede ir ahora mismo a Santiago: cualquier año es digno de santificación. Novedades para el turista: la catedral se puede visitar por los tejados, cosa muy digna de ver, con los peldaños de granito que dan la imagen invertida de las bóvedas interiores. Un mar de torres, líquenes, flores y piedras. Ésa fue la azotea del campanero, el último de los cuales, cuenta la guía, puso allí huerta y corral, con gallinas y aun cerdos. La curia estaba deseosa de que se despeñase algún animal para comerlo, y el campanero hacía la matanza del cochino justo a las doce de la mañana, aprovechando el repique de las campanas para encubrir la sonora agonía. Ya tendría que ser un repique largo, pero me gustan los embustes fantasiosos de los gallegos.

Acaban de abrir también un museo del azabache. El fósil natural es poco vistoso: como lajas de pizarra. Es mucho el trabajo de elegir piezas sin vetas –las vetas provocan fracturas- y tallarlas y pulirlas hasta dejarlas lisas y brillantes como se ven: de ahí su precio. Es el azabache el souvenir tradicional del peregrino, dicen que contra el mal de ojo, y lo curioso es que, aunque era el gremio compostelano el que tenía la exclusiva, el material es de Asturias. Hoy en día éste escasea y lo traen de otros sitios, pero es de menos calidad, muy veteado y por tanto de menos grosor: siendo aún más frágil admite menos talla y pulimento. Rafael Pérez Estrada lo incluía en su “Inventario de gemas crueles”: “Luce el azabache el brillo infeliz de las ausencias. Mas si quien lo usa vive una nueva pasión, este mineral será como una noche estrellada buscando el nimbo blanquecino de una luna cómplice. Constanza de Contreras, Señora de Évora, atribuía al ingerir mínimas porciones de azabache, sabiamente endulzadas, el oscuro misterio de sus ojos. La tradición canónica tiene por demoníaco el besar azabache”.

Otra importante novedad, en el museo de las peregrinaciones: en plata maciza, un Santiago mataespañoles. Explicación: llevaron los conquistadores a América al Apóstol, al que invocaron en sus batallas como mataindios. A los indios el santo se les pareció a uno de su panteón, y no tuvieron inconveniente en adoptarlo. Al final quedó amplia huella del patrón en el nuevo mundo (Santiago de Cuba, Santiago de Chile, etc.), y allá por el siglo XVII pareció políticamente correcto devolverle el apodo de matamoros, que no de mataindios, por no ofender. A principios del XIX, cuando las colonias empezaron a independizarse, el santo era tan suyo que lo invocaron como mataespañoles. La vida da muchas vueltas. Los santos también lo saben.

Diario de Cádiz, martes 28 de junio de 2005, pág. 16.