Mi marido es gaditano (2006/07/25)

 MI MARIDO ES GADITANO

            Estaba yo almorzando, en el intermedio de un congreso, en la Cartuja de Sevilla, cuando mi agradable compañera de mesa observó: “A mí me encanta viajar, pero, hija, mi marido es gaditano”. “Y eso, ¿qué tiene que ver?”. “Pues que a él, los domingos, cuando no trabaja, no se le puede sacar del Paseo Marítimo, su cerveza y su Diario de Cádiz. Así que yo, para salir, ya ves, tengo que hacerlo sola y apuntándome a congresos”. Chocante, pensé. Y luego: ¿chocante? ¿Cuánta gente gaditana conozco que nunca viaja por gusto, aunque podría? ¿Cuántos te dicen: Uff, tú estás loca, marcharte por ahí lejos, con los niños, en un autobús de turistas, con tantas horas de avión, en ese Altaria del viento acondicionado, o en estas fechas, con la de colas que hay?

Es verdad que aquí tenemos de todo: la playa está ahí, hasta tal punto que ya ni nos molestamos en ir a la playa; aquí están las tapas y la ruta del tapeo (aunque todo lo que no sean huevas aliñadas, ensaladilla o frito gaditano, sea comida “rara”); aquí, dorada y solar, nuestra cerveza (mayormente Cruzcampo); aquí, para no cocinar, el Telepizza (firme candidato a premio Argantonio de empresa con arraigo local); aquí el Diario de Cádiz, que él mismo nos dice que se come todo el pastel periodístico y yo, vaya si me lo creo. Aquí el Cádiz C.F., que ha sacado un power point de promoción genial: “Conocíamos… el Cristianismo. Conocíamos… el Budismo. Ahora vamos a conocer… el Cadismo”. “No tenemos iglesia… tenemos templo” (aquí, una imagen del Carranza, pero sólo de un lado). “Creemos en un solo Dios… formado por muchos dioses” (aquí, la plantilla del Cádiz, arreglada pero formal). “Nuestro héroes forman parte de nuestra historia” (aquí Oli, metiendo un gol en el año de la Tana). Y después de tanta idolatría, al final, la cancioncilla gangosa “Alcohol, alcohol, alcohooool… Hemos venido a emborracharnos…”, cierta al cien por cien: los hinchas se alicatan sin pausa, y no miran al césped por no llevarse un disgusto. Conocí a una señora de la calle Sagasta que afirmaba haber tenido en su juventud pretendientes forasteros: de Jerez y hasta de Puerta Tierra (impresionante, el tirón de aquella mujer). Yo misma he podido comprobar que la España climatológicamente habitable va de Cádiz capital al Acquasherry (el onceno mandamiento gaditano: “no traspondrás la cuesta del chorizo”).

Sí, realmente, aunque Gadir la fundaran los fenicios, viajeros por antonomasia, por paradojas de la historia aquí se ha desarrollado el gen sedentario que, en el mapa del genoma humano, se denomina “ES QUE MI MARIDO ES DE CÁDIZ (SPAIN)”.

Diario de Cádiz, martes 25 de julio de 2006, pág. 16