Mamá descubre el fútbol (2007/10/09)

MAMÁ DESCUBRE EL FÚTBOL

A Pepe Ángel, presidente del Venancio F.C.

Un día vino Pakito radiante: “¡Mamá, me han llamado del Venancio González para fichar de portero!”. “¿Quién era Venancio González?”. “Psss. Sería un jugador del Cádiz”. “¿Dónde está la sede del equipo?”. “Por unos callejones detrás del colegio”. “Ah”. “Somos los favoritos de la liga de tercera infantil”. “Qué bueno”. “Tienes que venir a verme jugar. No como en Conil, que estabas leyendo y sólo me miraste dos veces”. A Mamá le da la risa pero también algo de pena (pobre Pakito). Llega el gran día. Mamá naufraga en la soledad de un descampado rodeado de barandillas donde una serie de gordos comen pipas mirando fijamente la pista. (Aparte de los padres, ¿habrá pederastas?). Ambos equipos abundan en fichajes de aspecto estrafalario: pelados bola de billar, bola de billar con cresta, con trenzas, con melenilla. Empieza el partido. Los de Pakito son los grises. Los otros son de rayas. Mamá se pregunta por qué hay uno en medio vestido de amarillo. (Uy, qué tonta: es el árbitro). Ya situada, Mamá se empieza a horrorizar. Pakito no es lo que se dice un peso pluma, pero aquí hay mucho zagalón de lo menos quince años. Es un abuso. También hay especímenes diminutos, mira. Se van a lastimar. Además, darle al balón con la cabeza no es sano. La pelota es dura. Uno puede volverse tonto o psicópata. A ver si desgracian a Paco. El campo de juego es demasiado grande. No acaban de llegar a portería. Pakito lleva solo un montón de rato dando saltitos en su área (seguro que no ve lo que pasa allá al fondo). A uno, en plena chilena, se le enredan las piernas y muerde el polvo. Es bastante tedioso todo esto. Ha pasado más de una hora y vamos aún por la primera parte. Mamá se muere de aburrimiento. No hay ningún conocido entre los devoradores de pipas. Los hermanillos de los jugadores han montado su partido alternativo. El crepúsculo es bellísimo, rosa y lila. Mamá tira de móvil pero sin fortuna. Comienza la segunda parte. A la luz de los focos de la izquierda (los que funcionan) el Venancio domina claramente. Qué raro: aquí todos los niños se llaman Brian o Christian. Pero el Johnny de las trenzas es un demonio con el balón, y el número 4 tiene una pechuga ubicua para cortar pases. Pakito se porta: ha parado tres veces y ahora, lleno de tierra, parece el hijo del Golem y la Momia. Cuando empezaba a animarse, el partido se acaba. Victoria del Venancio González Fútbol Club. Los chavales se palmean la espalda con la seriedad de homínidos adultos. Mamá, enternecida, se acuerda de la “Oda a Platko” de Rafael Alberti. Habrá que adaptarla un poco. “Oso rubio de la Bahía. PAKITO. Nadie, nadie te olvida”.

Diario de Cádiz, martes 9 de octubre de 2007, pág. 14