Luis Cernuda escucha a Michael Jackson (2009/07/12)

LUIS CERNUDA ESCUCHA A MICHAEL JACKSON

ESTOS días podrían aprovechar ustedes, si la crisis lo permite, para hacer un viaje por “la bella Austria” (que diría Marsans). Sorprende comprobar en Centroeuropa un feeling religioso vivo. Quizá no sea ajeno a esto el hecho de que allí siguen próximos a una naturaleza grandiosa. En el museo etnográfico de Innsbruck están los avíos del “watchman”: el vigilante de las cosechas, encargado de protegerlas de todas las amenazas visibles e invisibles. Llevaba un alto tocado con colas de mapache y un collar con colmillos de jabalí. Quién hubiera dicho que aquello era un tirolés y no un chamán americano. Al pie de las cataratas Krimmler, entre nubes de agua pulverizada, una persona envuelta en una capa de lluvia estaba arrodillada ante la tierra. Tal vez la misma que, junto al bajo Danubio, se veneraba bajo la forma de lo que hoy llamamos la Venus de Willendorf. En Salzburgo, una lápida del pequeño cementerio de San Pedro nos interpela a la usanza de los romanos antiguos: “A ti, viajero, ahí parado y que estás preguntándole a la sombra ‘Simón, ¿duermes?’, te responde el que aquí yace: ‘Yo duermo pero mi corazón vela. Velad y orad por mí quienes ni dormís ni dormiréis’…”. Qué rara, esta lápida infantil con cabeza de angelote para un tal Simón Felber, que murió en 1677 con 58 años. Niño, ególatra, excéntrico y homosexual atormentado fue aquel Luis II de Baviera que en el castillo de Neuschwanstein se soñó encarnación de Lohengrin, el Caballero del Cisne amado por Wagner. Lo que antes se despreciaba como delirio kitsch de un rey loco es hoy arte neohistoricista y saneada fuente de ingresos. Cuánto nos recuerda al Neverland de Michael Jackson este monarca que huía de la mirada ajena, que envejecía mal, que hacía pintar en sus salones caballeros dorados con su propio rostro y sin atributos sexuales, y que se había construido una sala de audiencias como una basílica donde el trono sería el altar, y él mismo, el santo grial en persona. Alguien debería indicar al ministro alemán del ramo que allí, donde “Ni existe el mundo, ni la presencia humana/ Interrumpe el encanto de reinar en sueños”, debería poder escucharse el poema “Luis de Baviera escucha Lohengrin”, de Luis Cernuda.

Diario de Cádiz, domingo 12 de julio de 2009, p. 24.

http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/468305/luis/cernuda/escucha/michael/jackson.html