Los samuráis también lloran (2006/02/14)

LOS SAMURÁIS TAMBIÉN LLORAN

          Yo, Prudencia Gil, he caído muy bajo. Fiel a mi nombre llegó un día en que dejé de ver la tele, reducida para mí al telediario con el almuerzo, el documental de la siesta (duermo perfectamente mientras nidifica la espátula) y las campanadas de Nochevieja desde la Puerta del Sol (cualquier otro reloj me produce desconfianza). Desde que dejé de ver la tele me hice socia de un videoclub cuyo dueño me asesora. Si le digo: “Sebas, vengo muerta y quiero reírme un rato sin pensar”, él me recomienda una peli que no sea alemana (nunca se sabe qué quieren decir cuando clasifican algo como “comedia”) y que no esté protagonizada por Steve Martin ni Jim Carrey (podría votarlos para objetivos de Al Qaeda -Dios me perdone: Alá akbar-). Ahora Sebas anda “missing” y yo a merced del azar. He descartado las cintas de miedo y adolescentes, las de dibujitos (mi hermano, padre empático, es un cautivo de Doraemon), las de guión estándar (Jack sale de la cárcel dispuesto a llevar una vida honrada, PERO…), las de Steven Seagal (ese hombre no cambia un músculo facial diga lo que diga: “Vete al infierno”, “Te amo con locura”, “Un Mac Menú”, “¡Taxi!”). Con todo, los descartes no eliminan el problema. Abrevio exponiendo mis últimas y erráticas elecciones. “Cinderella man”: bien interpretada y con trasfondo social pero más de lo mismo (buen boxeador abofeteado). “Extrañas coincidencias” o algo así: un bodrio sin pies ni cabeza, de esos que les fliplan a los del festival de Sundance (panda de esnobs que se juntan para sentirse inteligentes ante la falta de sentido del cosmos); “Tapas” y “El método”: españolas pero buenas. “La espada del Samurái”: para niños karatecas. Paso por que chinos y japoneses sean etnias voladoras; paso por no saber bien, llegado el minuto 52, si estoy ante el magnánimo Chun Li o el maléfico Li Chun; paso por la cargante manía oriental de la virtud masoquista (ese risueño Chun Li Chun que humildemente agradece todas las vejaciones de las que es objeto). Pero media hora viendo cómo los samuráis también lloran es indecoroso y aburridísimo: si te tienes que hacer el hara-kiri, te lo haces y punto (nenaza). “Embrujada”: nos fuimos yendo a dormir, seguramente embrujados. “Gigoló europeo”: la escogí porque el prota se parecía a Billy Cristal, pero ante tan sólida ordinariez no tengo palabras (sólo una, malsonante, que completa mi apellido: gilipollas). Al menos el 75% de las pelis de videoclub son basura. Consolaría pensar que en USA se ruedan sin subvención, pero se venden y yo llevo en mi carné, hasta ayer impoluto, una mancha indeleble. Voy a tener que verme entera la vida de la espátula.

Diario de Cádiz, martes 14 de febrero de 2006, pág. 14